sábado, 3 de agosto de 2024

¿Qué es la Enfermedad Pélvica Inflamatoria?

 

Viñeta clínica:
 
Una mujer de 22 años en una nueva relación sexual consulta a su médico de cabecera por presentar sangrado intermenstrual ligeramente doloroso durante 10 días. Tenía dolor pélvico, pero no se incrementaba con el examen cervical bimanual. El médico sospechó que el sangrado era un efecto secundario de la píldora anticonceptiva oral que había comenzado a recibir tres meses antes. Sin embargo, como no podía descartar la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), se tomaron muestras de frotis endocervicales para estudiar infecciones de transmisión sexual causadas por Neisseria Gonorrhoeae y Chlamydia Trachomatis. Se prescribieron antibióticos de amplio espectro después de lo cual los síntomas se resolvieron. La muestra del hisopado confirmó la presencia de Chlamydia Trachomatis .
 

 ¿Qué es la Enfermedad Inflamatoria Pélvica (EIP)?
 
La EIP se debe a la infección del tracto genital femenino superior que resulta en una amplia gama de patología pélvica, desde la endometritis leve a la peritonitis pélvica. Los microorganismos causales son o de transmisión sexual (C. trachomatis , N. gonorrhoeae , Mycoplasma genitalium ) o microorganismos vaginales endógenas (especies de Bacteroides) que ascienden hacia el área de la pelvis desde el tracto genital inferior a través del cuello uterino.
 
¿Qué tan común es la EIP?
 
Debido a las dificultades en el diagnóstico, no se conoce la prevalencia exacta de EIP.
 
Los datos recientes sugieren que la tasa de diagnóstico EIP definida en atención primaria es de aproximadamente 280/100.000 personas-año 1 Esto puede subestimar la verdadera incidencia, ya que muchos casos son relativamente asintomáticos. La EIP es más común en las mujeres 20 a 29 años 1
 
¿Por qué se pierde el diagnóstico de la EIP?
 
La EIP puede presentarse con síntomas y signos clásicos o con síntomas leves y sutiles que pueden pasarse por alto con facilidad, de acuerdo con una revisión de la evidencia de las directrices nacionales de la Asociación Británica de Salud Sexual y VIH. 2
 
Los mejores datos recientes sobre pérdida del diagnóstico de la EIP provienen de una auditoría retrospectiva en un centro de la salud sexual ambulatorio. Este estudio mostró tasas significativamente diferentes en el diagnóstico de EPI entre 23 médicos, en comparación con tasas similares para las verrugas genitales (una condición que se empleó como control). 
 
Aunque el sobrediagnóstico de EIP no puede excluirse, los autores postularon que si los médicos sobrediagnosticaron EIP, algunas mujeres podrían no mostrar las características epidemiológicas y clínicas de la enfermedad. En cambio, las mujeres con ese diagnóstico entre los médicos de alta y baja tasa de diagnóstico tenían un perfil epidemiológico y clínico similar, lo que sugiere falta de diagnóstico de la EPI por los médicos con más baja tasa de ese diagnóstico. Es posible que algunos médicos busquen síntomas severos, por lo tanto tengan un umbral demasiado alto para el diagnóstico.3
 
¿Por qué es importante?
 
Las secuelas de la EPI incluyen embarazo ectópico, infertilidad y dolor pélvico crónico así como los altos costos económicos del tratamiento.4 Los mejores datos de los resultados sobre las secuelas de EPI provienen de un estudio de cohorte longitudinal respecto de 2,500 mujeres, resumidos por Weström et al. 5 Un nuevo análisis retrospectivo de estos datos mostró que retrasar el tratamiento con antibióticos durante más de tres días después de la aparición de los síntomas se asoció con casi tres veces mayor riesgo de infertilidad post-EIP o embarazo ectópico que en los que buscaron atención rápidamente (riesgo absoluto 20% v 8.3%). 6 
 
En un estudio retrospectivo de cohortes en los Estados Unidos similar mostró que las mujeres que tenían síntomas durante dos o más días antes del tratamiento tenían más probabilidades de experimentar infertilidad que aquellas con síntomas durante dos o menos días antes del tratamiento (riesgo absoluto del 14% v 54%).7 

En un tercer estudio con una población de pacientes diferente, los resultados adversos fueron menos fuertemente correlacionados con el tiempo de tratamiento.8
 
¿Cómo se diagnostica la EIP?

Clínica
Aunque no es 100% sensible, la laparoscopía es la prueba ideal para el diagnóstico de la EIP.9 Cuando este procedimiento no se encuentra disponible o no resulta apropiado en la atención primaria, el diagnóstico clínico debe realizarse con base a los síntomas y signos y a la exclusión de los diagnósticos diferenciales.
 
La EIP es más común en las mujeres 20-29 años de edad.1 Históricamente, el diagnóstico de EIP se ha basado en el dolor abdominal con o sin incremento con la maniobra de palpación bimanual de anexos o cervical, y con el apoyo a los resultados de las investigaciones que confirman un proceso inflamatorio o infeccioso. 
 
En un estudio a gran escala de mujeres que ingresaron al hospital con un diagnóstico clínico de EPI, la sensibilidad del dolor abdominal, dolor a la movilización cervical y dolor anexial en comparación con la laparoscopia diagnóstica fue del 61,2%, 79,9% y 90,3%, respectivamente.10 
 
En un modelo de regresión logística, se encontró que la presencia de estos tres signos juntos es  82,1% sensible, pero sólo el 28,6% específico.
 
Otros signos y síntomas incluyen:
  • Náuseas o vómitos (sensibilidad 27,6%, especificidad 69,0%)
  • Flujo vaginal (73,1%, 35,7%)
  • Sangrado vaginal (16,4%, 73,8%)
  • Síntomas urinarios (21,6%, 83,3%)
  • Proctitis (7,5%, 95,2%)
  • Fiebre (29,9%, 69,0%)
  • Masa anexial (90,3%, 21,4%). 9
Estudios similares han confirmado que estos signos y síntomas no son sensibles ni específicos en comparación con la laparoscopia.11 12 Por lo tanto, no se ha adoptado ninguna combinación de síntomas y signos en las directrices nacionales del Reino Unido como los criterios mínimos para el diagnóstico, y se recomienda un alto índice de sospecha.13
 
En la práctica, se debe tomar una historia clínica de los síntomas y una historia sexual. Los cambios de pareja o la falta de uso del condón pueden ser importantes como vías de contagio de microorganismos de transmisión sexual. Una historia de los eventos obstétricos recientes (como el parto vaginal o el aborto involuntario) o de procedimientos ginecológicos (como la inserción de un dispositivo intrauterino o la interrupción del embarazo) es siempre relevante.
 
Las alteraciones en el cuello uterino pueden presentar una infección en el tracto genital superior. La evaluación debe incluir un examen y visualización del cuello uterino bimanual abdominal y vaginal.
 
Cuando las conclusiones del examen y de  la historia clínica son compatibles con un diagnóstico de EPI, la paciente debe ser tratada presuntivamente.
 
Investigaciones
Como el diagnóstico de EPI se hace clínicamente, se requieren investigaciones para confirmar un proceso inflamatorio o infeccioso a prestar apoyo a la misma. Dada la importancia del tratamiento temprano con antibióticos para prevenir secuelas, los resultados positivos no deberían ser un requisito previo para justificar el tratamiento con antibióticos.13
 
Se recomienda en todos los pacientes con sospecha de EPI realizar hisopados endocervicales para C. trachomatis y N. gonorrhoeae , mediante pruebas de amplificación de ácidos nucleicos cuando estén disponibles.2 14 Un resultado positivo indica la presencia de uno de estos microorganismos en el tracto genital inferior, apoyando el diagnóstico de EIP . 
 
Sin embargo, dado que se detectaron estos microorganismos en menos de 12% de los 22 000 casos de EIP vistos en las clínicas de medicina genitourinaria en Inglaterra en 2011, un resultado hisopo negativo no excluye el diagnóstico de EIP.15
 
Las ecografías son útiles para excluir otras posibilidades de diagnóstico, pero se carece de estudios que muestran tanto una alta sensibilidad y especificidad para el EIP.16
 
Un aumento de la velocidad de sedimentación globular (> 15 mm / hr) es compatible con el diagnóstico clínico. Se trata de un predictor sensible (81%) pero no específico (33%) de EIP.17
 
Embarazo ectópico: dado que es un importante diagnóstico diferencial debe ser excluido por una prueba de embarazo.

¿Cómo se trata la EIP?
 
La enfermedad leve o moderada se puede manejar con seguridad en el ámbito ambulatorio, mientras que la enfermedad clínica grave requiere hospitalización para administración de antibióticos parenterales. 2 13 En el ámbito ambulatorio, los antibióticos orales se deben prescribir para cubrir trachomatis C, N gonorrhoeae y anaerobios.2 13
 
Se recomienda un curso de 14 días de antibióticos (ceftriaxona, doxiciclina y metronidazol), ya que la duración óptima de tratamiento es desconocida, y existen pocos datos para apoyar un curso más corto.18 19 
 
Aunque algunos médicos pueden estar preocupados acerca de la prescripción de antibióticos innecesarios, el tratamiento está recomendado porque las consecuencias de perder el diagnóstico son serias. 
 
En las personas que no responden al tratamiento, la laparoscopia es esencial para confirmar el diagnóstico o para hacer un diagnóstico alternativo. 
 
Una vez que se ha diagnosticado EIP todas las parejas sexuales actuales deben ser examinadas y se les debe ofrecer tratamiento empírico, y los participantes más recientes (de los últimos seis meses) deben ser examinados para las infecciones de transmisión sexual. 2 13
 
Puntos clave 
  • Considere la posibilidad de un diagnóstico de EPI en mujeres jóvenes con cualquier combinación de dolor abdominal bilateral, secreción vaginal o cervical anormal, sangrado vaginal anormal, dispareunia profunda, fiebre, dolor anexial y dolor a la movilización cervical.
     
  • Una historia de una nueva pareja sexual, el cambio de anticonceptivo de anticonceptivos de barrera, una EIP anterior pueden ser cruciales para ayudar al diagnóstico.
     
  • Si se sospecha EIP, tratar de forma empírica con un curso de 14 días de antibióticos para cubrir Chlamydia trachomatis, Neisseria gonorrhoeae , y anaerobios, para lograr la resolución clínica y microbiológica.
     
  • La infertilidad posterior se puede prevenir con el tratamiento antibiótico precoz.

¿Es necesario el tratamiento antibiótico prolongado post aborto séptico no complicado?

 Autor/a: Dres. Ricardo F. Savaris, Gisele S. de Moraes, Rafael A. Cristovam, R. Daniel Braun Am J Obstet Gynecol 2011;204:301.e1-5.

Se estima que en el mundo en desarrollo, se internan anualmente 5 millones de mujeres para el tratamiento de las complicaciones de los abortos inducidos, en un promedio d5,7/1.000 mujeres/año en todas las regiones en desarrollo, con exclusión de China. En Brasil, el aborto es ilegal, razón por la cual las complicaciones de este procedimiento representan el tercer lugar de causa de muerte materna, con una tasa de mortalidad materna del 12%. 
 
También es elevada la tasa de abortos (40,8/1.000 mujeres). Aproximadamente el 31% de los embarazos termina en un aborto inducido.

Las pacientes con infección establecida, indicada por la presencia de fiebre (arbitrariamente definida como >38°C), peritonitis pélvica o taquicardia, deben ser hospitalizadas y tratadas con antibóticos por vía parenteral y la rápida evacuación del útero. La bacteriemia, que es más común en el aborto séptico que en otras infecciones de la pelvis, puede dar lugar a shock séptico y síndrome de distrés respiratorio del adulto.

El manejo de la sepsis grave exige la erradicación de la infección y el tratamiento de soporte para el sistema cardiovascular y otros sistemas orgánicos involucrados. En los casos de abortos sépticos no complicados, el Ministerio de Salud recomienda el uso de clindamicina más gentamicina por vía intravenosa durante 7-10 días. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que el tratamiento con antibióticos de amplio espectro por vía intravenosa debe ir seguido de doxiciclina oral (200 mg/día) durante 10-14 días. Este régimen es similar al recomendado para la enfermedad pélvica inflamatoria por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Contrariamente a un tratamiento prolongado con antibióticos por vía oral, French y Smaill han demostrado que una vez que la paciente está sin fiebre durante 48 horas no es necesario continuar el tratamiento antibiótico por endometritis después de la operación cesárea. Podría ser seguro y menos costoso utilizar este régimen en los casos de aborto séptico no complicado. Hasta el momento no hay evidencia de que este régimen más corto sea seguro en estos casos.

Objetivo
Investigar la necesidad de antibióticos por vía oral después de 48 horas de mejoría clínica, en pacientes con aborto aborto séptico no complicado que han sido sometidas a la evacuación uterina y que recibieron un mínimo de antibióticos por vía intravenosa durante 48 horas.

Diseño del estudio
Estudio clínico aleatorizado con control doble ciego de 56 mujeres con aborto séptico no complicado que fueron tratadas con antibióticos por vía intravenosa seguido de la evacuación uterina. Al ser dadas de alta del hospital, las pacientes recibieron al azar doxiciclina oral más metronidazol o placebo, hasta completar 10 días de tratamiento. La curación clínica fue definida por la ausencia de fiebre (<37.7°C), reducción del sangrado vaginal y dolor pélvico mínimo o su ausencia.

Resultados
Se comprobó la curación en las 56 pacientes. El comité de revisión institucional suspendió el tratamiento en el grupo correspondiente ya que agregaba riesgos sin aportar mayor beneficio. El seguimiento de una cohorte de observación con otros 75 casos adicionales de una rama que no recibía tratamiento antibiótico no mostró fracasos (probabilidad de efectos adversos 0%).

Comentario
El total de las 103 pacientes (100%) con aborto séptico no complicado tratadas con antibióticos por vía intravenosa seguidos por la evacuación uterina alcanzaron la curación clínica, utilizando un protocolo de tratamiento corto.

Los puntos fuertes del estudio son pocos. Es un estudio aleatorizado, doble ciego, que refleja una práctica clínica, con un método de asignación al azar adecuado, un excelente seguimiento, un análisis provisional especificado a priori, el cual es importante para evaluar las suposiciones iniciales acerca de la tasa de curación. El tamaño de la muestra puede ser aumentado o reducido después del primer análisis provisional. Se prestó una atención especial al cálculo del tamaño de la muestra para que tuviese el suficiente poder en un estudio equivalente. Los argumentos de un estudio de equivalencia son diferentes a los de los ensayos de superioridad. En lugar de rechazar la hipótesis nula, en la que el porcentaje de ambos tratamientos es igual, las investigaciones están destinadas a probar que es verdadero. Debido a las propiedades intrínsecas de la fórmula propuesta por Blackwelder, si el d es del 10%, el tratamiento con elevada tasa de curación (es decir, el 99%) en ambas ramas requiere una muestra de menor tamaño,. Ese fue el caso en este estudio. Con una muestra de 56 pacientes, teniendo en cuenta una tasa del 99% de curación en ambas ramas, un error α de 0.2 y una potencia de 90%, para tener poder estadístico serían necesarios 26 pacientes en cada rama. Con estos parámetros, dicen los autores, “estamos en condiciones de afirmar que tenemos un 90% de seguridad de que no hay diferencia >10% entre ambos grupos, con un IC del 97%. Sin embargo, una diferencia del 10% debe ser considerada demasiado elevada, y esto es una debilidad del estudio. Para reducir esta diferencia del 10%, nos enfrentamos a otro problema. El comité de de revisión institucional determinó que no sería ético continuar con el tratamiento estándar. Por lo tanto, la alternativa para aumentar el tamaño de la muestra sería una cohorte de observación en el grupo de tratamiento corto. Así, a partir de noviembre de 2007 y hasta junio de 2010 se observaron 75 casos adicionales de infección/aborto séptico no complicado que no recibieron tratamiento tras el alta hospitalaria y que fueron seguidos de la misma manera que los primeros 56 pacientes del ensayo clínico. En estas pacientes no se observaron fracasos clínicos, lo que resultó reconfortante. Por lo tanto, utilizando los resultados del protocolo del tratamiento a corto, estamos en condiciones de afirmar que en el 95% de los casos esperábamos encontrar una tasa de curación de entre el 97-100%, lo cual parece ser un IC adecuado. Las implicancias del estudio pueden ser muy importantes en términos de reducción del tiempo de permanencia hospitalaria y tratamiento antibiótico. La recomendación del Ministerio de Salud de Brasil para el aborto infectado es la administración de antibióticos de amplio espectro por vía intravenosa durante 7-10 días, mientras que la recomendación de la OMS de los abortos infectados es similar a la recomendación de los CDC para enfermedad inflamatoria pélvica, en la cual el tratamiento dura hasta 14 días.

Los mecanismos que podrían explicar estos resultados podrían ser los mismos que los que se encuentran en la revisión sistemática de Cochrane de endometritis posparto. La eliminación del tejido infectado sería suficiente para reducir el período de tratamiento antibiótico. El cultivo del endometrio no se realiza debido a la naturaleza polimicrobiana de estas infecciones, como fue demostrado por otros autores." Por esa razón, agregan los autores, “creemos que las tasas de curación que se encuentran en nuestro estudio son comparables a las publicadas por Frech y Smaill, en los casos de endometriosis posparto después de la operación cesárea o parto vaginal.”

Los autores afirman que hasta donde ellos saben, este es el primer informe relativo a la no utilización de antibióticos tras el alta hospitalaria de pacientes con aborto séptico no complicado. Por lo tanto, dicen, no pueden hacer ninguna comparación con otros estudios. Dado que el punto de entrada al estudio fue a partir del alta hospitalaria, la estancia media en el hospital para ambos grupos fue de 3 días. A la luz de sus resultados, los autores dejaron de administrar antibióticos a las pacientes con aborto séptico no complicado después de 48 horas de mejoría clínica.

Este estudio cuestiona la necesidad de hacer tratamiento antibiótico prolongado por vía oral después de la mejoría clínica en pacientes con aborto séptico no complicado y, según los autores, deber ser utilizado como referencia para las nuevas investigaciones.

♦ Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti. Esp. Medicina Interna

Anticonceptivos orales combinados y riesgo de tromboembolismo venoso

 Autor/a: Giuseppe M.C. Rosano, Maria Angeles Rodriguez-Martinez, Ilaria Spoletini, Pedro Antonio Regidor Obesity and contraceptive use: impact on cardiovascular risk

Resumen

La obesidad y los anticonceptivos que contienen estrógenos son factores de riesgo cardiovascular independientes bien conocidos. Sin embargo, un número importante de mujeres obesas siguen recibiendo recetas de productos hormonales que contienen estrógenos para su anticoncepción. Hemos realizado una revisión narrativa para discutir la evidencia más reciente, la investigación en curso y los temas controvertidos sobre el efecto sinérgico de la obesidad y el uso de anticonceptivos, en términos de riesgo cardiovascular. Existe evidencia convincente de una interacción entre la obesidad y la anticoncepción en el aumento del riesgo cardiovascular. Las mujeres que presentan tanto obesidad como uso de anticonceptivos orales combinados (AOC) tienen mayor riesgo (entre 12 y 24 veces) de desarrollar tromboembolismo venoso que las no usuarias de AOC no obesas. Los datos discutidos aquí ofrecen nuevos conocimientos para aumentar la conciencia de los médicos sobre el riesgo cardiovascular en el manejo clínico de mujeres obesas. El efecto sinérgico de la obesidad y los AOC sobre el riesgo de trombosis venosa profunda debe tenerse en cuenta al prescribir anticonceptivos hormonales. Los productos de progestágeno solo son una alternativa más segura a los AOC en pacientes con sobrepeso u obesidad. Las mujeres obesas que toman anticonceptivos deben ser vistas como una población de “riesgo” y, como tal, deben recibir consejos para cambiar su estilo de vida, evitando otros factores de riesgo cardiovascular, como una forma de prevención primaria. Esta indicación debe extenderse a mujeres jóvenes, ya que los datos muestran que los AOC deben evitarse en mujeres obesas de cualquier edad.


Comentarios

Las mujeres obesas que usan anticonceptivos orales que contienen estrógeno y progestina tienen un riesgo 24 veces mayor de tromboembolismo venoso (TEV) en comparación con las mujeres no obesas que no usan los medicamentos, según un artículo de revisión publicado en ESC Heart Failure, una revista de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC).1

El autor del estudio, el profesor Giuseppe Rosano del IRCCS San Raffaele Pisana, Roma, Italia, dijo: “Está bien establecido que tanto la obesidad como los anticonceptivos que contienen estrógeno son factores de riesgo de TEV. A pesar de esto, las mujeres obesas continúan recibiendo estos medicamentos. La evidencia científica indica que la obesidad y los anticonceptivos orales combinados tienen un efecto sinérgico sobre el riesgo de TEV y esto debe ser considerado en las decisiones de prescripción. Los productos de progestágeno solo, incluidas las píldoras, los dispositivos intrauterinos o los implantes, son una alternativa más segura a la píldora combinada en mujeres con exceso de peso”.

Este artículo de revisión destaca la evidencia más reciente sobre los efectos independientes de la obesidad y los anticonceptivos, y sus efectos sinérgicos, sobre el riesgo de TEV y brinda recomendaciones clínicas. TEV se refiere a un coágulo de sangre en una vena e incluye dos condiciones potencialmente mortales: trombosis venosa profunda y embolia pulmonar.

La Organización Mundial de la Salud estima que la prevalencia mundial de la obesidad casi se triplicó entre 1975 y 2016, con un 15 % de mujeres adultas obesas. El riesgo de TEV aumenta progresivamente con el índice de masa corporal (IMC), y en mujeres obesas es más del doble que en mujeres no obesas. La obesidad tiene el impacto más sustancial en las mujeres con TEV menores de 40 años, que tienen un riesgo cinco veces mayor en comparación con las mujeres no obesas. El profesor Rosano señaló: “El riesgo particularmente alto en mujeres obesas menores de 40 años es importante, ya que es a esta edad que muchas buscan anticoncepción”.

Los anticonceptivos orales combinados se asocian con una probabilidad elevada de TEV, y las usuarias tienen una probabilidad de TEV entre tres y siete veces mayor en comparación con las no usuarias. Por el contrario, los productos de progestágeno solo no están asociados con un mayor riesgo de TEV.

La combinación de sobrepeso/obesidad y el uso de anticonceptivos orales combinados potencia la probabilidad de coágulos sanguíneos en mujeres en edad reproductiva. Por ejemplo, un gran estudio basado en la población encontró que el sobrepeso y la obesidad estaban asociados con un aumento del riesgo de TEV de 1,7 y 2,4 veces, respectivamente. Sin embargo, en usuarias de píldoras combinadas, el riesgo de TEV fue 12 veces mayor en mujeres con sobrepeso y 24 veces mayor en mujeres obesas, en comparación con las no usuarias de peso normal.

El profesor Rosano dijo: "Las mujeres obesas que toman anticonceptivos son vulnerables a la TEV y deben tomar medidas para limitar sus otros factores de predisposición a la enfermedad cardiovascular, por ejemplo, dejando de fumar y aumentando sus niveles de actividad física".

En resumen, en mujeres que combinan obesidad y uso de AOC, los datos de la literatura indican que los riesgos cardiovasculares, principalmente los riesgos de TEV, aumentan entre 12 y 24 veces en comparación con las no usuarias de AOC no obesas. El efecto sinérgico de la obesidad y los AOC sobre el riesgo de TVP debe tenerse en cuenta al prescribir anticonceptivos hormonales. Los productos solo de progestágeno (AOP) son una alternativa más segura a los AOC en pacientes con sobrepeso u obesidad.

Conclusiones y Recomendaciones

  • El riesgo de TEV y TEP aumenta progresivamente con el IMC, y en mujeres obesas es más del doble que en sujetos no obesos. El sobrepeso/obesidad tiene el impacto más sustancial en mujeres menores de 40 años cuando el RR es 5 veces mayor que en sujetos no obesos. La hipercoagulabilidad, la hipofibrinólisis y un estado proinflamatorio parecen ser los mecanismos subyacentes implicados en el aumento del riesgo de eventos tromboembólicos en mujeres obesas.
     
  • Las mujeres en edad reproductiva que se sometieron a cirugía bariátrica deben evitar el embarazo durante 12 a 24 meses debido a su pérdida de peso. Se ha postulado en este grupo una posible disminución de la eficacia de los productos anticonceptivos debido a los procedimientos quirúrgicos. Sin embargo, los Criterios Médicos de Elegibilidad del Reino Unido (UKMEC) otorgan grado 1 (una condición para la cual no existe restricción para el uso del método) a los AOP en mujeres con antecedentes de cirugía bariátrica con IMC ≥ 35 kg/m2, mientras que los AHC son no recomendado.
     
  • Los RR de TEV comparando usuarias de AOC con no usuarias son entre 3 y 7 veces mayores en usuarias vs no usuarias de AOC13, 14. Por el contrario, los AOP, como pastillas de noretisterona en dosis bajas, pastillas de desogestrel solo o DIU liberador de hormonas no están asociados con un mayor riesgo de TEV mientras que la píldora de drospirenona sola no informó ningún caso de TEV o TEA junto con su programa de desarrollo clínico. Hay evidencia limitada de que el DMPA inyectable podría aumentar el riesgo de TEV.
     
  • Además, los estados trombofílicos pueden tener un impacto en los eventos embólicos en mujeres obesas bajo anticoncepción, aunque no se dispone de datos sobre esta población específica, según nuestro conocimiento. Los antecedentes familiares de TEV, trombofilia, edad y obesidad deben tenerse en cuenta al momento de prescribir anticonceptivos hormonales.
     
  • Cabe señalar que los riesgos absolutos de accidente cerebrovascular trombótico e infarto de miocardio asociados con el uso de AOC son bajos, aunque parecen depender de la dosis de etinilestradiol.
     
  • En el caso del uso de AOC en mujeres obesas, se potencia el riesgo tromboembólico, principalmente de TEV, que oscila entre 12 y 24 veces si se compara con el riesgo en no obesas no usuarias de AOC.
     
  • Dado que los riesgos de TEV tienden a asociarse en el mismo sujeto y que el sobrepeso/obesidad puede estar asociado con el tabaquismo, la hipertensión arterial y la edad, es crucial evaluar el riesgo trombótico consolidado resultante de la presencia de cada riesgo de TEV si está presente en el grupo.
  • La recomendación es tener precaución con el uso de AOC en pacientes con sobrepeso y obesidad, eligiendo las alternativas más seguras a la hora de prescribir anticonceptivos hormonales debido a la creciente prevalencia mundial de obesidad.

  • Actualmente, la obesidad en combinación con un estilo de vida sedentario merece una consideración especial al prescribir anticonceptivos hormonales debido al riesgo excesivo de TEV.

  • Las recomendaciones de la OMS, el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) y los Criterios de Elegibilidad Médica del Reino Unido (UKMEC) brindan grado 1 (una condición para la cual no hay restricción para el uso del método) a todos los AOP, incluidas las píldoras, DIU o implantes para mujeres con IMC ≥ 30 kg/m2. Además, la OMS, los CDC y el UKMEC brindan recomendaciones de grado 2 para las píldoras de progestágeno solo y los implantes de progestágeno solo cuando hay múltiples factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, coexisten el tabaquismo, la diabetes, la hipertensión, la obesidad y las dislipemias.

  • Los productos solo de progestágeno (AOP) deben considerarse una alternativa más segura que los AOC en mujeres obesas y en mujeres que presentan varios riesgos tromboembólicos y buscan anticoncepción hormonal.

Amenorrea hipotalámica funcional

 Autor/a: Mariam Saadedine, Ekta Kapoor, Chrisandra Shufelt Mayo Clin Proc. n September 2023;98(9):1376-1385.

La amenorrea hipotalámica funcional (AHF) es responsable de aproximadamente un tercio de los casos de amenorrea secundaria en mujeres en edad reproductiva.

Aunque el sello clínico característicos de la AHF es la amenorrea y la infertilidad, el trastorno es una neuroendocrinopatía compleja caracterizada por hipoestrogenemia y otros factores que impactan en la función de múltiples sistemas incluyendo trastornos óseos, psicológicos, cognitivos y cardiovasculares.

Para realizar un diagnóstico oportuno y un manejo adecuado del trastorno en las mujeres afectadas, los médicos deben estar preparados para reconocer esta condición y comprender su fisiopatología.

Tipos de amenorrea hipotalámica funcional y fisiopatología

La AHF es el cese del ciclo menstrual en ausencia de una patología anatómica, que proviene de la estimulación o supresión inadecuada del eje hipotálamo-hipófisis-ovario (eHHO). Tanto la hormona liberadora de gonadotrofina (GnRH) y la hormona luteinizante (LH) requieren pulsatilidad para la ovulación y el patrón menstrual normal.

En la AHF, varios desencadenantes, incluidos los factores estresantes psicosociales y el desequilibrio energético alteran la secreción pulsátil de GnRH y LH, lo que resulta en la anovulación y amenorrea. Esta condición puede ser categorizada en 3 tipos según la causa primaria: estrés psicosocial, comida desordenada/restrictiva y/o ejercicio excesivo. En muchos casos, es una combinación de más de una etiología, con una posible predisposición genética o epigenética.

> Impacto del estrés psicosocial

La exposición al estrés psicosocial aumenta la activación del eHHO, que a su vez aumenta la secreción de la hormona corticotrofina (CRH) y de glucocorticoides como el cortisol. Se sabe que las pacientes con AHF tienen aumentados los niveles de cortisol a la mañana y de 24 horas. El aumento de CRH y glucocorticoides puede inhibir el eHHO en diferentes niveles.

Los glucocorticoides actúan directamente en las neuronas hipotalámicas liberadoras de GnRH e inhiben su síntesis y secreción. La evidencia reciente también sugiere que tanto la CRH como los glucocorticoides tienen el potencial de interactuar con las neuronas kisspeptinas en el hipotálamo. Las neuronas kisspeptinas secretan la proteína kisspeptina, que estimula directamente la síntesis y liberación de GnRH.

El aumento de los niveles en el estrés está asociado con niveles más bajos de kisspeptina. En las neuronas kisspeptinas se han identificado receptores de CRH y glucocorticoides, lo que sugiere que potencialmente ambos inhiben la síntesis y liberación de la kisspeptina.

Impacto del desequilibrio energético/metabólico

La alteración de la disponibilidad de energía se define como la diferencia entre el aporte de energía y el gasto energético. Para preservar las funciones corporales normales es necesario mantener un nivel mínimo de energía. Un estado de baja energía puede deberse a un exceso de gasto energético (ejercicio excesivo, estado hipermetabólico) y/o un aporte de energía bajo (patrón alimentario restrictivo o escasez de alimentos). Aunque se desconoce el mecanismo exacto, la baja disponibilidad de energía se ha asociado con la supresión del eHHO.

Debido a que los niveles de GnRH son difíciles de medir, es útil la medición de la LH, un índice preciso de la secreción de GnRH para estudios en seres humanos. Los estudios han demostrado que la disminución de la disponibilidad energética modificando los hábitos dietarios y haciendo ejercicio por debajo de cierto umbral, en mujeres que menstrúan normalmente, alteran la pulsatilidad de la LH. Estos resultados implican que una respuesta adaptativa producida en un estado de baja disponibilidad de energía prioriza otras funciones fisiológicas reproductivas.

La AHF puede ocurrir en el contexto de una situación de peso corporal normal, ya que hasta el 40% de las pacientes exhiben conductas bulímicas y de restricción alimentaria. Cuando la AHF es el resultado de una dieta restrictiva, el patrón incluye reducción de la ingesta de grasas y aumento de la ingesta de fibras. Por otra parte, a pesar de tener mayor porcentaje de masa magra (músculo), la masa magra corporal total en pacientes con AHF se reduce en comparación con los controles de la misma edad. Estos factores dan como resultado diversas alteraciones metabólicas como los niveles bajos de leptina,  adiponectina e insulina, y más elevados de grelina.

La leptina y la adiponectina son hormonas anorexígenas (suprimen el apetito) secretadas por el tejido adiposo mientras que la grelina es una hormona orexígena (estimula el apetito) que es secretada en el estómago. Por otra parte, la insulina es una hormona anorexígena secretada en el páncreas. Aunque estos factores influyen en el metabolismo energético, también actúan directamente sobre las neuronas kisspeptinas en el hipotálamo.

Los factores anorexígenos, como la leptina y la insulina, estimulan las neuronas kisspeptinas, mientras que los factores orexígenos, como la grelina, los inhiben. De este modo, el efecto neto de las alteraciones metabólicas en pacientes con AHF es la supresión de las neuronas kisspeptinas que a cambio suprimen el eHHO.

Impacto de la genética/epigenética

Cada vez hay más pruebas de que la AHF puede estar asociada a una predisposición genética.

En las mujeres con AHF se han identificado varias variantes heterocigotas de genes involucrados en las formas congénitas de la deficiencia de GnRH (hipogonadismo hipogonadotrófico idiopático). Sin embargo, estas variantes genéticas raras también se han hallado en algunas mujeres con ciclos menstruales normales, lo que sugiere que la AHF puede ser el resultado de la combinación de una predisposición genética junto con factores de activación externos.

La respuesta al estrés también está regulada genéticamente. Por ejemplo, los pacientes con AHF tienen menor expresión del factor neurotrófico derivado del cerebroꟷun gen expresado en el hipotálamo e implicado en la neuroplasticidad. La neuroplasticidad es la capacidad del sistema nervioso para someterse a cambios estructurales y funcionales mediante la alteración de las fortalezas de las conexiones neuronales. Por lo tanto, las mujeres con AHF pueden tener respuestas al estrés alteradas que las predispone a esta condición.

Los factores epigenéticos aún no han sido estudiados en mujeres con AHF y, por lo tanto, son potenciales áreas para futuras investigaciones. Sin embargo, trabajos recientes en modelos animales destacan la importancia de la epigenética en el desarrollo y funcionamiento de la regulación neuronal de la GnRH; que incluye factores de transcripción, microARN y metilación y desmetilación del ADN. Aunque la AHF es una consecuencia del estrés, los patrones dietarios y el ejercicio excesivo, algunas mujeres pueden estar más predispuestas a la AHF debido a su composición genética y factores epigenéticos que alteran la producción y función de la GnRH.

Consecuencias de la AHF para la salud

Salud ósea

El estrógeno estimula la formación ósea e inhibe la resorción ósea mientras que el hipoestrogenismo reduce estos beneficios.

En las mujeres, la masa pico óseo de los huesos largos se adquiere antes de los 20 años de edad, y la masa esquelética total alcanza su punto máximo entre los 6 y 10 años. posteriores. Entre el 40% y el 60% del crecimiento óseo ocurre en la etapa de la adolescencia tardía.

Dada la juventud de los pacientes con AHF, una preocupación importante es el impacto adverso en la salud ósea. Además de la hipoestrogenemia, la masa magra baja en los pacientes con AHF es un predictor independiente de una densidad mineral ósea (DMO) inferior. Por otra parte, la deficiencia de energía se asocia con resistencia a la hormona de crecimiento y niveles bajos del factor de crecimiento símil insulina (IGF-1), necesarios para estimular el crecimiento óseo.

Los niveles elevados de cortisol en la AHF están asociados con una reducción de la actividad osteoblástica, aumento de la actividad osteoclástica, alteración de la absorción de calcio, manejo renal del calcio alterado y reducción de la secreción de la hormona de crecimiento y la IGF-1, todo lo cual disminuye la DMO. Las mujeres con AHF tienen niveles más bajos de leptina, que normalmente estimula el crecimiento óseo e inhibe la resorción.

Salud psicológica y cognitiva

Se ha comprobado que las mujeres con AHF tienen tasas más elevadas de perfeccionismo, incluyendo mayores niveles de preocupación por los errores y estándares personales en comparación con sus pares eumenorreicas.

La AHF y los trastornos psicológicos tienen una relación bidireccional. En las mujeres con AHF, el hipoestrogenismo está relacionado con el deterioro de la función cognitiva, potencialmente debido al papel del estrógeno en la inducción de la formación de sinapsis en múltiples áreas del cerebro, incluyendo el hipocampo y la corteza cerebral. Por otra parte, el estrógeno modula la síntesis y secreción de múltiples neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, lo que puede explicar las mayores tasas de depresión y ansiedad en las mujeres con AHF en comparación con sus pares eumenorreicas.

El aumento del estrés en las mujeres con depresión y ansiedad puede suprimir aún más el eHHO y provocar la amenorrea. Aparte de los efectos de la hipoestrogenemia, en las pacientes con trastornos alimentarios, ansiedad y depresión se han hallado niveles más bajos de leptina y más elevados de cortisol, lo que podría ser responsable de algunos de esos síntomas psicológicos.

Salud cardiovascular

El estrógeno endógeno se ha asociado con un efecto favorable sobre el sistema cardiovascular, incluida la mejora de la vasodilatación y el mantenimiento de la homeostasis endotelial. Por otra parte, reduce la producción de especies de oxígeno reactivas, disminuye la oxidación de las lipoproteínas de baja densidad e inhibe la proliferación del músculo liso, mecanismos éstos que son protectores potenciales contra la enfermedad aterosclerótica.

La función vascular también se ve influenciada por múltiples hormonas neuroendocrinas como la adiponectina y el cortisol, que están desregulados en las mujeres con AHF, pudiendo predisponerlas a la disfunción vascular. En el Nurses Health Study, la mayor irregularidad o ausencia del ciclo menstrual se asoció con un aumento de hasta el 50% del riesgo de un futuro evento de enfermedad cardiovascular. Sin embargo, este estudio no diferenció el fenotipo de la AHF de otras etiologías de irregularidad menstrual, como el síndrome del ovario poliquístico (SOP).

El estudio Women’s Ischemia Syndrome Evaluation (WISE) halló que la hipoestrogenemia de origen hipotalámico se asoció con mayor riesgo de enfermedad coronaria angiográfica en mujeres premenopáusicas. Incluso después del ajuste por múltiples factores de riesgo cardiovascular, la hipoestrogenemia hipotalámica siguió siendo un predictor importante de enfermedad de las arterias coronarias.

Esterilidad

Aunque la amenorrea es el sello distintivo de la AHF, las mujeres suelen solicitar tratamiento cuando no pueden concebir. La mayoría de las pacientes con AHF son amenorreicas, pero un subgrupo más pequeño que presenta infertilidad sin amenorrea todavía tienen evidencia de desregulación hipotalámica.

La hormona antimülleriano, producida por el desarrollo de folículos ováricos y un marcador de reserva funcional ovárica, es normal a ligeramente aumentada en mujeres con AHF, lo que refleja la reversibilidad potencial de la esterilidad.

Como tal, los estudios han informado que la administración pulsátil de GnRH puede lograr restaurar la ovulación y aumentar las posibilidades de concepción en estas pacientes. Sin embargo, las mujeres con AHF pueden estar en riesgo de resultados adversos del embarazo debido a sus conductas poco saludables como la alimentación restrictiva y la desnutrición, bajo peso corporal o, posiblemente, consecuencias vasculares asociadas al hipoestrogenismo.

Diagnóstico

Aunque la AHF es una de las causas más comunes de amenorrea secundaria en mujeres no embarazadas en edad reproductiva, es un diagnóstico de exclusión. La amenorrea secundaria se define como la ausencia de menstruaciones durante al menos 3 meses consecutivos. La AHF se caracteriza por un patrón de bajos niveles de estrógeno (a menudo <50 pg/ml), de hormona folículo estimulante (FSH) (a menudo <10 mIU/ml) y de LH (a menudo <10 mIU/ml).

Por otra parte, la relación LH:FSH es normal a baja vs. mayor relación LH:FSH en el SOP mientras que los niveles de testosterona son normales (vs. típicamente disminuidos en el SOP). Además de la AHF y el embarazo, el diagnóstico diferencial de la amenorrea secundaria incluye el SOP, la insuficiencia ovárica prematura, la disfunción tiroidea y la hiperprolactinemia. El diagnóstico de AHF debería también ser considerado en mujeres con amenorrea primaria porque constituye el 3% de estos casos.

La historia clínica y la semiología completas ayudarán al diagnóstico diferencial de las amenorreas secundarias. Por ejemplo, el antecedente de radioterapia, quimioterapia, enfermedad autoinmune o antecedentes familiares de insuficiencia ovárica prematura podría confirmar esta etiología, mientras que el hirsutismo, el acné, la ganancia de peso o la presencia de obesidad central puede sugerir un diagnóstico de SOP. El historial completo también debe incluir una revisión de los hábitos dietéticos y de ejercicios, cambios en el peso y una evaluación de estrés psicológico. Aunque no a todas las mujeres con AHF se les diagnostica un trastorno alimentario como tal, muchas de ellas informan síntomas de comidas desordenada.

El Eating Disorder Examination Questionnaire es una herramienta validada que se puede usar para identificar a las personas con trastornos alimentarios. Alternativamente, el 26-question Eating Attitudes Test es un cuestionario de 26 preguntas que puede detectar la imagen corporal y las preocupaciones de peso, especialmente en pacientes que no presentan un desorden definido de la alimentación.

Debido a que no hay una herramienta validada para detectar el exceso de ejercicio, algunos investigadores sugieren el uso de la Escala de Estrés Percibido (Perceived Stress Scale) para detectar el estrés excesivo y facilitar la conversación sobre otras prácticas extremas, como el ejercicio excesivo y la alimentación restrictiva.

El uso de un dispositivo para el monitoreo remoto del paciente, que rastrea el ejercicio puede ser una forma novedosa de cuantificar los minutos u horas semanales de ejercicio. Por otra parte, el historial médico detallado debe centrarse en la detección de enfermedades malabsorptivas como la enfermedad de Crohn o la enfermedad celíaca, que pueden ejercer un estrés corporal crónico y, por lo tanto, influir en el eHHO.

Laboratorio específico

Las pruebas ayudan a distinguir aún más la AHF de otras causas de amenorrea secundaria.

Después de descartar el embarazo, se recomienda medir las hormonas LH, FSH y tirotrofina, además de realizar una ecografía pélvica.

Las mujeres con AHF tienen FSH y LH bajas y tirotrofina normal (a menudo con T3 total baja). La ecografía pélvica puede proporcionar información sobre el volumen y la morfología de los ovarios. Sin embargo, es importante hacer la distinción entre la AHF y ciertos fenotipos de SOP como el SOP tipo D sin signos de hiperandrogenismo y el SOP esbelto, con un índice de masa corporal bajo a normal, particularmente porque algunas pacientes con AHF presentan morfología de ovario poliquístico.

La morfología de ovario poliquístico solo indica que un SOP cumple con los criterios de diagnóstico ecográficos. (12 folículos que miden 2-9 mm de diámetro y/o un volumen ovárico >10 ml en al menos un ovario). Por otra parte, las mujeres con AHF pueden exhibir características de SOP, como el hiperandrogenismo. Por lo tanto, es posible que las características clínicas por sí solas no ayuden a confirmar el diagnóstico en este grupo específico de pacientes. Es importante considerar el cuadro clínico combinado con los hallazgos ecográficos y los resultados de laboratorio, especialmente la relación LH:FSH.

La prueba de supresión de la progesterona puede proporcionar información sobre el estado estrogénico o, alternativamente, se pueden medir los niveles de estrógeno. Un nivel de estrógeno < 50 pg/ml en el contexto de niveles bajos de FSH y LH y evidencia deterioro, estrés fisiológico o psicológico y debe ser indicativo de AHF. La identificación correcta de la etiología de la amenorrea secundaria es excepcionalmente importante debido a las diferencias en la fisiopatología subyacente y las modalidades terapéuticas para estas condiciones.

Manejo

Dada la etiología multifactorial de la AHF, su manejo implica una identificación precisa y la reversión de las causas subyacentes. Una de las principales áreas de interés es la modificación del estilo de vida intensivo para reemplazar las conductas desadaptadas relacionadas con la ingesta calórica y la actividad física. Siempre que sea posible, el enfoque terapéutico debe ser multidisciplinario, compuesto por médicos, dietista y especialista en salud mental. Aunque la evidencia en terapia cognitivo-conductual es limitada, debe ser incorporada al plan de tratamiento siempre que sea posible.

Un ensayo informó que 16 sesiones de esa terapia realizadas durante un período de 20 semanas, orientada a establecer patrones de alimentación saludables, identificar las actitudes desadaptativas hacia la pérdida de peso y la alimentación, para combatirlas y mejorar los mecanismos de afrontamiento del estrés, restableció la función ovulatoria y revirtió la desregulación del sistema neuroendocrino presente en las AHF.

Específicamente, la terapia cognitiva conductual disminuyó significativamente los niveles nocturnos de cortisol con aumento de los niveles de leptina y tirotrofina, mejorando así las funciones ovulatoria y metabólica en pacientes con AHF. Sin embargo, el resultado de esa terapia depende en gran medida de la voluntad de los pacientes para participar en el plan de tratamiento. Por otra parte, la recomendación actual está basada en una muestra pequeña y exclusivamente en pacientes con problemas de estrés psicológico como causa subyacente. No está claro si este tratamiento es igualmente eficaz en las mujeres con AHF provocada por un trastorno alimentario, pérdida excesiva de peso y/o ejercicio excesivo.

Según las pautas de la Endocrine Society, si luego de 6 a 12 meses de modificaciones en el estilo de vida no se reanudó la menstruación, se recomienda el tratamiento con un ciclo corto de estrógeno transdérmico con progesterona cíclica. Esta recomendación específica está basada en un estudio de pacientes con anorexia nerviosa y amenorrea de al menos 3 meses consecutivos que mejoraron la DMO a los 6, 12 y 18 meses de tratamiento con estradiol transdérmico (parche de 100-mg aplicado 2 veces/semana) y medroxiprogesterona (2,5 mg/día durante 10 días por mes) en comparación con el placebo. Sin embargo, la recomendación de dosis y duración de su uso no está clara.

La terapia hormonal oral y la terapia anticonceptiva hormonal no se recomiendan.

Esta guía se basa en una revisión sistemática que halló una falta de beneficio significativo de estas intervenciones en salud ósea en pacientes con AHF. Este resultado podría deberse a un efecto regulador negativo de estrógenos orales sobre IGF-1, un mediador crucial del crecimiento óseo y la mineralización durante la pubertad. También puede explicarse por la complejidad neuroendocrina de la AHF como el hipercortisolismo y la disminución de los niveles de la hormona tiroidea que influyen en la salud ósea en esta población de pacientes.

Por otra parte, el efecto de la terapia de reemplazo hormonal sobre la salud vascular se desconoce. Se ha demostrado que la bomba pulsátil subcutánea de GnRH implantable (no disponible en EE. UU.) es segura y eficaz para restaurar la ovulación en algunas pacientes con AHF asociada a esterilidad y, teóricamente, para restaurar la pulsatilidad de la GnRH, lo que puede revertir parte de la disfunción metabólica en mujeres con AHF.

Una vez que se establece el diagnóstico de AHF, se recomienda evaluar la DMO basal con la absorciometría de rayos X de energía dual en pacientes con ≥6 meses de amenorrea. Esta recomendación se debe a la elevada prevalencia de los trastornos alimentarios combinados con el exceso de ejercicio observados en pacientes con AHF. Las pacientes también deben evaluarse si hay deficiencias nutricionales como la vitamina D (los niveles deben superar los 30 ng/ml) y el calcio (la ingesta diaria de calcio debe ser de 1000 a 1500 mg/día), y se deben proveer suplementos si fuera necesario.

Brechas en el tratamiento y la investigación

Aunque la AHF ha sido descrita en la literatura desde la década de 1950, hay escasez de investigaciones sobre esta condición mientras que la mayoría de las recomendaciones de manejo se basan en opiniones de expertos y estudios con muestras de tamaño de limitado. Es importante destacar que existe la necesidad de evaluar diferentes modalidades de tratamiento y desarrollar otros nuevos para abordar los posibles resultados adversos a largo plazo en estas pacientes, incluidos los trastornos cognitivos, psicológicos, salud ósea y cardiovascular.

Algunos estudios han informado sobre la proteína kisspeptina como objetivo terapéutico potencial. Un estudio documentó la conservación del acoplamiento temporal de la kisspeptina y episodios secretores de LH en la AHF, de modo que, a pesar de la supresión del eHHO, la descarga de GnRH todavía está impulsada por la kisspeptina. Otro estudio halló que la infusión intravenosa de dosis elevadas de proteína kisspeptina puede aumentar temporalmente la pulsatilidad de la LH en mujeres con AHF y, por lo tanto, potencialmente puede restaurar el ciclo menstrual.

Un estudio más reciente informó el uso potencial de una agonista del receptor de kisspeptina en lugar de la proteína kisspeptina nativa. En este estudio, la inyección de un bolo de dosis única del agonista del receptor de kisspeptina aumentó más los niveles de LH y FSH, más rápido en pacientes con AHF que en pacientes eumenorreicas. El agonista del receptor de kisspeptina también indujo una estimulación más potente y prolongada de la expresión neuronal de GnRH que la proteína kisspeptina nativa. Estos hallazgos sugieren la necesidad de estudios adicionales con muestras de tamaños de más grandes que evalúen los efectos sistémicos de los agonistas del receptor de kisspeptina, más allá del ciclo menstrual.

Conclusión

La amenorrea hipotalámica funcional es una neuroendocrinopatía compleja y una enfermedad común que causa amenorrea secundaria en mujeres jóvenes. Esta condición resulta en hipogonadismo hipotalámico e infertilidad debido al estrés psicosocial, comidas desordenadas y/o ejercicio excesivo.

A pesar de que la mayoría de las mujeres con AHF parecen saludables, hay consecuencias a largo plazo en su salud ósea, cardiovascular, psicológica y cognitiva.

El abordaje de los eventos incitadores subyacentes puede revertir esta condición y, potencialmente, restaurar tanto el eje hipotálamo-hipófisis-ovario como el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Es muy importante reconocer este diagnóstico y comprender la fisiopatología, para planificar un manejo e intervenciones adecuados.

El riesgo de depresión en las etapas de la menopausia

 Autor/a: Yasmeen Badawy, Aimee Spector, Zishi Lee, Roopal Desai Fuente: Journal of Affective Disorders Available online 18 April 2024 The risk of depression in the menopausal stages: A systematic review and meta-analysis

Aspectos destacados

• La transición a la menopausia es un período de cambios emocionales y físicos para las mujeres que aún no se han explorado completamente en la investigación.

• Investigaciones anteriores han demostrado que las diferentes etapas de la menopausia se asocian con un riesgo elevado de síntomas y diagnósticos depresivos.

• Es importante conocer qué etapa de la menopausia se asocia con mayor riesgo de depresión para poder intervenir.

• La perimenopausia es la etapa asociada con mayor riesgo de depresión. Se necesita más investigación sobre la posmenopausia.


Resumen

Introducción

Para muchas mujeres, la transición a la menopausia puede ser un período de cambios emocionales y físicos, con diferentes etapas de la menopausia asociadas con riesgos variados de síntomas y diagnósticos depresivos. Esta revisión tuvo como objetivo realizar una revisión sistemática y metanálisis para proporcionar una estimación del riesgo de desarrollar a) depresión clínica y b) síntomas depresivos en diferentes etapas de la menopausia.

Métodos

Se realizaron búsquedas en Medline, PsycInfo, Embase y Web of Science desde su inicio hasta julio de 2023. En la revisión se incluyeron diecisiete estudios de cohortes prospectivos con un total de 15 893 mujeres, y el riesgo de sesgo se evaluó mediante la herramienta Quality in Prognosis Studies (QUIPS). Se incluyeron en los metanálisis siete artículos con un total de 11.965 participantes, utilizando modelos de efectos aleatorios y odds ratios (OR) agrupados calculados para los síntomas y diagnósticos depresivos.

Resultados

Se encontró que las mujeres perimenopáusicas tenían un riesgo significativamente mayor de sufrir síntomas y diagnósticos depresivos, en comparación con las mujeres premenopáusicas (OR = 1,40; IC del 95 %: 1,21; 1,61, p  < 0,001). No encontramos un riesgo significativamente mayor de síntomas o diagnósticos depresivos en mujeres posmenopáusicas, en comparación con las mujeres premenopáusicas.

Limitaciones

Los estudios utilizaron diferentes criterios para clasificar las etapas de la menopausia y diferentes medidas para la depresión, lo que puede haber contribuido a la heterogeneidad observada en algunos modelos. No pudimos incluir un modelo que comparara la peri y la posmenopausia debido a la falta de estudios longitudinales que compararan las dos etapas.

Conclusiones

El riesgo de depresión en la perimenopausia, mostrado en una muestra étnicamente diversa; destaca la necesidad clínica de detección y apoyo en este grupo potencialmente vulnerable.


Comentarios

Las mujeres tienen un 40% más de probabilidades de experimentar depresión en la perimenopausia que aquellas que no experimentan ningún síntoma menopáusico, según un nuevo estudio dirigido por investigadores de la UCL.

La investigación, publicada en el Journal of Affective Disorders, proporcionó un metanálisis de siete estudios en los que participaron 9.141 mujeres de todo el mundo (incluidos Australia, EE. UU., China, Países Bajos y Suiza), para comprender si las diferentes etapas de la menopausia estaban asociadas con diferente riesgo de depresión.

La perimenopausia suele ocurrir entre tres y cinco años antes del inicio de la menopausia. Durante esta etapa, los niveles de estrógeno y progesterona de las mujeres comienzan a fluctuar, lo que hace que experimenten cambios de humor, ciclos menstruales irregulares y otros síntomas menopáusicos, incluido un aumento de la sensación de depresión.

Esta etapa de la menopausia continúa hasta un año después del último período de la mujer y, a menudo, puede durar entre cuatro y ocho años en total.

Los investigadores descubrieron que las mujeres perimenopáusicas tenían un riesgo significativamente mayor (alrededor del 40%) de experimentar síntomas depresivos y de ser diagnosticadas con depresión en comparación con las mujeres premenopáusicas.

No hubo un aumento significativo en el riesgo de depresión en las mujeres posmenopáusicas en comparación con las premenopáusicas.

Los síntomas se midieron utilizando instrumentos de autoinforme estandarizados y reconocidos internacionalmente, incluido el Cuestionario de salud del paciente PHQ-9 (que considera factores como la falta de interés en hacer cosas, problemas para dormir y sentimientos de mal humor).

El autor principal, el Dr. Roopal Desai (Psicología y Ciencias del Lenguaje de la UCL), dijo: "Este estudio muestra que las mujeres en la etapa perimenopáusica tienen significativamente más probabilidades de experimentar depresión que antes o después de esta etapa.

"Nuestros hallazgos enfatizan la importancia de reconocer que las mujeres en esta etapa de la vida son más vulnerables a experimentar depresión. También subraya la necesidad de brindar apoyo y detección a las mujeres para ayudarlas a abordar sus necesidades de salud mental de manera efectiva".

El nuevo estudio llega poco después de la publicación anterior de los investigadores, que encontró que la terapia, como la atención plena y la terapia cognitivo-conductual, podría ser una forma efectiva de tratamiento para los síntomas no físicos de la menopausia.

La autora correspondiente, la profesora Aimee Spector (Psicología y Ciencias del Lenguaje de la UCL), dijo: "Las mujeres pasan años de sus vidas lidiando con síntomas de la menopausia que pueden tener un gran impacto en su bienestar y calidad de vida.

"Nuestros hallazgos muestran cuán significativamente puede verse afectada la salud mental de las mujeres perimenopáusicas durante este tiempo. Necesitamos mayor conciencia y apoyo para garantizar que reciban ayuda y atención adecuadas tanto desde el punto de vista médico como en el lugar de trabajo y en el hogar".

La autora principal y estudiante de maestría de la UCL, Yasmeen Badawy (Psicología y Ciencias del Lenguaje de la UCL), dijo: "La combinación de datos de estudios globales indica que estos hallazgos no pueden atribuirse únicamente a factores culturales o cambios en el estilo de vida que a veces se han utilizado para explicar los síntomas depresivos que padecen las mujeres la perimenopausia."

Mensaje final

Los síntomas y el diagnóstico depresivos son dos veces más comunes en las mujeres que en los hombres y es más probable que ocurran durante la mediana edad; destacando la depresión como un problema de salud pública con un sesgo en la carga de enfermedad para las mujeres. Nuestro estudio solidifica aún más la evidencia existente sobre la asociación entre la etapa perimenopáusica y el riesgo de síntomas depresivos, incluido un número significativamente mayor y estudios más diversos que en metanálisis anteriores. Sin embargo, no se encontró que la etapa posmenopáusica estuviera asociada con un mayor riesgo de síntomas o diagnósticos depresivos, de acuerdo con la literatura previa. Nuestros hallazgos resaltan la necesidad de realizar pruebas y tratamientos tempranos para la depresión en mujeres de mediana edad y realizar más investigaciones sobre los posibles factores de riesgo.

Hiperemesis gravídica: sus mecanismos y posibles tratamientos

 Autor/a: Fejzo, M., Rocha, N., Cimino, I. et al. GDF15 linked to maternal risk of nausea and vomiting during pregnancy

Un estudio dirigido por Cambridge ha demostrado por qué muchas mujeres experimentan náuseas y vómitos durante el embarazo y por qué algunas mujeres, incluida la duquesa de Cambridge, se enferman tanto que necesitan ser ingresadas en el hospital.

GDF15 vinculado al riesgo materno de náuseas y vómitos durante el embarazo

Resumen

GDF15, una hormona que actúa sobre el tronco del encéfalo, ha sido implicada en las náuseas y los vómitos del embarazo (NVP), incluida su forma más grave, la hiperemesis gravídica (HG), pero falta una comprensión mecanicista completa. Aquí informamos que la producción fetal de GDF15 y la sensibilidad materna a él contribuyen sustancialmente al riesgo de HG. Confirmamos que los niveles más altos de GDF15 en la sangre materna se asocian con vómitos durante el embarazo y HG. Utilizando espectrometría de masas para detectar una variante de GDF15 marcada naturalmente, demostramos que la gran mayoría de GDF15 en el plasma materno se deriva de la unidad fetoplacentaria. Al estudiar a los portadores de variantes genéticas raras y comunes, encontramos que los niveles bajos de GDF15 en el estado no embarazada aumentan el riesgo de desarrollar HG. Por el contrario, las mujeres con beta-talasemia, una afección en la que los niveles de GDF15 son crónicamente altos, reportan niveles muy bajos de NVP.

En ratones, la respuesta aguda de ingesta de alimentos a un bolo de GDF15 está influenciada bidireccionalmente por niveles previos de GDF15 circulante de una manera que sugiere que este sistema es susceptible a la desensibilización. Nuestros hallazgos respaldan un supuesto papel causal del GDF15 de origen fetal en las náuseas y los vómitos del embarazo humano, siendo la sensibilidad materna, al menos en parte determinada por la exposición a la hormona antes del embarazo, una influencia importante en su gravedad. También sugieren enfoques basados ​​en mecanismos para el tratamiento y la prevención de la HG.


Comentarios

La culpable es una hormona producida por el feto: una proteína conocida como GDF15. Pero qué tan enferma se siente la madre depende de una combinación de la cantidad de hormona producida por el feto y cuánta exposición tuvo la madre a esta hormona antes de quedar embarazada.

El descubrimiento, publicado en Nature, apunta a una forma potencial de prevenir las enfermedades del embarazo exponiendo a las madres al GDF15 antes del embarazo para desarrollar su resiliencia.

Hasta siete de cada diez embarazos se ven afectados por náuseas y vómitos. En algunas mujeres (se cree que entre uno y tres de cada 100 embarazos) puede ser grave, amenazando incluso la vida del feto y de la madre y requiriendo reposición de líquidos por vía intravenosa para prevenir niveles peligrosos de deshidratación. La llamada hiperemesis gravídica es la causa más común de ingreso hospitalario de mujeres durante los primeros tres meses de embarazo.

Aunque existen algunas terapias para tratar las enfermedades del embarazo y son al menos parcialmente efectivas, la ignorancia generalizada sobre el trastorno, agravada por el miedo a usar medicamentos durante el embarazo, significa que muchas mujeres con esta afección no reciben un tratamiento adecuado.

Hasta hace poco, se desconocía por completo la causa de las enfermedades del embarazo. Recientemente, algunas pruebas, procedentes de estudios bioquímicos y genéticos, han sugerido que podría estar relacionado con la producción por parte de la placenta de la hormona GDF15, que actúa en el cerebro de la madre haciéndole sentir náuseas y vómitos.

Ahora, un estudio internacional, en el que participan científicos de la Universidad de Cambridge e investigadores de Escocia, Estados Unidos y Sri Lanka, ha logrado un avance importante en la comprensión del papel del GDF15 en las enfermedades del embarazo, incluida la hiperémesis gravídica.

El equipo estudió datos de mujeres reclutadas para varios estudios, incluido el Rosie Nursing Hospital, parte de Cambridge University Hospitals NHS Foundation Trust y el Peterborough City Hospital, North West Anglia NHS Foundation Trust. Utilizaron una combinación de enfoques que incluían la genética humana, nuevas formas de medir las hormonas en la sangre de las mujeres embarazadas y estudios en células y ratones.

Los investigadores demostraron que el grado de náuseas y vómitos que experimenta una mujer durante el embarazo está directamente relacionado tanto con la cantidad de GDF15 producida por la parte fetal de la placenta y enviada al torrente sanguíneo, como con la sensibilidad que tiene al efecto pro-emético de esta hormona.

El GDF15 se produce en niveles bajos en todos los tejidos fuera del embarazo. La sensibilidad de la madre a la hormona durante el embarazo depende de la cantidad a la que estuvo expuesta antes del embarazo: las mujeres con niveles normalmente bajos de GDF15 en la sangre tienen un mayor riesgo de desarrollar náuseas y vómitos intensos durante el embarazo.

El equipo descubrió que una variante genética rara que pone a las mujeres en un riesgo mucho mayor de hiperemesis gravídica se asociaba con niveles más bajos de la hormona en la sangre y los tejidos fuera del embarazo. De manera similar, las mujeres con el trastorno sanguíneo hereditario beta talasemia, que les hace tener niveles naturalmente muy altos de GDF15 antes del embarazo, experimentan pocas o ninguna náuseas o vómitos.

El profesor Sir Stephen O'Rahilly, codirector del Instituto de Ciencias Metabólicas del Wellcome-Medical Research Council de la Universidad de Cambridge, que dirigió la colaboración, dijo: "La mayoría de las mujeres que quedan embarazadas experimentarán náuseas y malestares en algún momento y, si bien esto no es agradable, para algunas mujeres puede ser mucho peor: se enferman tanto que requieren tratamiento e incluso hospitalización.

"Ahora sabemos por qué: el bebé que crece en el útero produce una hormona a niveles a los que la madre no está acostumbrada. Cuanto más sensible sea a esta hormona, más enferma se pondrá. Saber esto nos da una pista de cómo podemos podría evitar que esto suceda. También nos da más confianza en que evitar que GDF15 acceda a su receptor altamente específico en el cerebro de la madre formará en última instancia la base para una forma eficaz y segura de tratar este trastorno".

Los ratones expuestos a niveles altos y agudos de GDF15 mostraron signos de pérdida de apetito, lo que sugiere que estaban experimentando náuseas, pero los ratones tratados con una forma de acción prolongada de GDF15 no mostraron un comportamiento similar cuando se expusieron a niveles agudos de la hormona. Los investigadores creen que desarrollar la tolerancia de la mujer a la hormona antes del embarazo podría ser la clave para prevenir enfermedades.

La coautora, la Dra. Marlena Fejzo, del Departamento de Ciencias de la Población y la Salud Pública de la Universidad del Sur de California, cuyo equipo había identificado previamente la asociación genética entre GDF15 y la hiperemesis gravídica, tiene experiencia de primera mano con esta afección. "Cuando estaba embarazada, me enfermé tanto que apenas podía moverme sin sentirme enferma. Cuando traté de averiguar por qué, me di cuenta de lo poco que se sabía sobre mi condición, a pesar de que las náuseas del embarazo son muy comunes. Con suerte, ahora que entendemos la causa de la hiperemesis gravídica, estamos un paso más cerca de desarrollar tratamientos efectivos para evitar que otras madres pasen por lo que yo y muchas otras mujeres hemos experimentado".


El trabajo implicó la colaboración entre científicos de la Universidad de Cambridge, la Universidad del Sur de California, la Universidad de Edimburgo, la Universidad de Glasgow y la Universidad de Kelaniya, Colombo, Sri Lanka. Los principales financiadores del estudio en el Reino Unido fueron el Consejo de Investigación Médica y Wellcome, con el apoyo del Centro de Investigación Biomédica de Cambridge del Instituto Nacional de Investigación en Salud y Atención.