sábado, 3 de agosto de 2024

Cáncer cervicouterino, quinta causa de muerte en el mundo

 En el mundo, el cáncer cervicouterino ocupa el quinto lugar como causa de muerte y anualmente se diagnostican cerca de 500 mil nuevos casos, con una tasa de mortalidad de 50 por ciento. Este padecimiento se ha convertido en un importante problema de salud pública afirmó Marcela Lizano Soberón, de la Unidad de Investigación Biomédica en Cáncer de los institutos de Investigaciones Biomédicas y el Nacional de Cancerología.

Al dictar la conferencia Virus del Papiloma Humano: Vacuna y sus implicaciones en el Auditorio Alberto Guevara Rojas de la Facultad de Medicina, la experta señaló que en México las muertes por este mal ocupan el primer lugar entre las mujeres en edad reproductiva y el primero en incidencia, junto con el cáncer de mama.

Este carcinoma, refirió la especialista, se define como una enfermedad de transmisión sexual pues necesariamente se asocia con la infección por el virus del papiloma humano (VPH).

No se trata de un contagio pasajero, sino persistente, por un periodo de dos a cuatro años, comentó Marcela Lizano durante la Semana de la Virología realizada en la Universidad.

Entre personas sexualmente activas, destacó, la transmisión del VPH es común, pues se estima que más del 70 por ciento de las mujeres podrían infectarse en algún momento de su vida.

Casi todos los tumores cervicouterinos portan dicho virus precisó la investigadora. No obstante, sólo una pequeña porción, correspondiente al cinco por ciento, son de los tipos de alto riesgo que derivan en cáncer, explicó la integrante del Sistema Nacional de Investigadores.

El VPH es una causa, pero no la única, hay además, otros factores de riesgo asociados, como un alto número de parejas sexuales, inició de una vida sexual temprana, haber padecido otras enfermedades de transmisión sexual y multiples partos, entre otros, abundó.

Síntomas y grupo de riesgo

Regularmente, en los primeros años de la infección no se presentan síntomas, y sí hay lesiones son microscópicas. Los daños visibles, como verrugas y condilomas, son causados por los virus 6 y 11, considerados no oncogénicos, puntualizó.

El grupo de riesgo para desarrollar cáncer cervicouterino, agregó, empieza de los 40 años de edad en adelante, aunque es en mujeres jóvenes, menores de 30, entre quienes se da la más alta prevalencia de infección por VPH.

La coautora del artículo “Utilidad de la Combinación de Oligonucleótidos Universales para la Detección de VPH en Cáncer Cervicouterino y Lesiones Premalignas”, comentó que tanto hombres como mujeres son propensas a contraer el virus. Es claro que el varón participa en el proceso de transmisión, sin embargo, los estudios en ellos son escasos e incluso se desconoce donde exactamente se aloja el VPH.

Cuando los hombres se contagian generalmente es algo pasajero, y se sabe que son ellos quienes constantemente se recontagian, apuntó.

Existen 40 tipos virales en la región anocervical. El 16 y 18 son altamente cancerígenos, pues 70 por ciento de los cánceres localizados en esa zona se derivan de ellos. Estos tipos son los más comunes en el orbe y ya hay vacunas para contrarrestarlos.

Nuevas recomendaciones sobre la detección del cáncer de mama

 Texto de las recomendaciones USPSTF

El Grupo de trabajo de servicios preventivos de EE. UU. (USPSTF) publicó un borrador de declaración de recomendación sobre la detección del cáncer de mama. El Grupo de trabajo ahora recomienda que todas las mujeres se hagan pruebas de detección de cáncer de mama cada dos años a partir de los 40 años. Esta es una calificación B. Se necesita más investigación sobre si las mujeres con senos densos deben o no someterse a exámenes de detección adicionales con ultrasonido o resonancia magnética de los senos, y sobre los beneficios y daños de los exámenes de detección en mujeres mayores de 75 años.

El uso del término mujer en este proyecto de recomendación incluye a las mujeres cisgénero y a otras personas a las que se les asigna el sexo femenino al nacer. El cáncer de mama es el segundo cáncer más común y la segunda causa más común de muerte por cáncer entre las mujeres en los Estados Unidos. Si bien el grupo de trabajo ha reconocido constantemente el valor de la mamografía para salvar vidas, anteriormente recomendamos que las mujeres de 40 años tomen una decisión individual sobre cuándo comenzar a hacerse las pruebas de detección según su historial de salud y sus preferencias. En esta nueva recomendación, el grupo de trabajo ahora recomienda que todas las mujeres se hagan la prueba a partir de los 40 años. Este cambio podría salvar un 19 % más de vidas.

“La ciencia nueva y más inclusiva sobre el cáncer de mama en personas menores de 50 años nos ha permitido ampliar nuestra recomendación anterior y animar a todas las mujeres a hacerse la prueba cada dos años a partir de los 40 años”, dice la expresidenta inmediata del Grupo de Trabajo, Carol Mangione, M.D., M.S.P.H. “Esta nueva recomendación ayudará a salvar vidas y evitará que más mujeres mueran a causa del cáncer de mama”.

Las mujeres negras tienen un 40 por ciento más de probabilidades de morir de cáncer de mama que las mujeres blancas y, con demasiada frecuencia, desarrollan cánceres mortales a edades más tempranas. El grupo de trabajo reconoce esta inequidad y solicita más investigación para comprender las causas subyacentes y qué se puede hacer para eliminar esta disparidad de salud. “Asegurar que las mujeres negras comiencen a hacerse las pruebas a los 40 años es un primer paso importante, pero no es suficiente para mejorar las desigualdades de salud que enfrentamos relacionadas con el cáncer de mama”, dice la vicepresidenta del Grupo de trabajo, Wanda Nicholson, M.D., M.P.H., M.B.A.

En nuestro borrador de recomendación, subrayamos la importancia del seguimiento equitativo después de la detección y el tratamiento oportuno y eficaz del cáncer de mama y pedimos con urgencia más investigación sobre cómo mejorar la salud de las mujeres negras”. Hay muchas áreas clave en las que es esencial realizar más investigaciones. Necesitamos saber cuál es la mejor manera de abordar las disparidades de salud que enfrentan las mujeres negras, hispanas, latinas, asiáticas, nativas americanas y nativas de Alaska, en particular, cómo garantizar un seguimiento equitativo después de la detección.

El tratamiento oportuno y efectivo para el cáncer de mama tiene el potencial de salvar más vidas para las personas que experimentan disparidades relacionadas con el racismo, la falta de acceso a la atención en las comunidades rurales, los bajos ingresos y otros factores. También necesitamos más investigación sobre los beneficios y los daños de la detección y el tratamiento en mujeres de 75 años o más.

 El balance de beneficios y daños puede cambiar a medida que las mujeres envejecen, pero existe una investigación muy limitada sobre esta población de edad. Además, casi la mitad de todas las mujeres tienen senos densos, lo que aumenta el riesgo de cáncer de seno y significa que es posible que las mamografías no funcionen tan bien para ellas. Necesitamos más estudios que muestren cómo las pruebas de detección adicionales con ultrasonido o resonancia magnética del seno podrían ayudar a las mujeres con senos densos.

"Sabemos que las mujeres con senos densos corren un mayor riesgo de cáncer de seno y, desafortunadamente, las mamografías no funcionan tan bien para ellas", dice el miembro del Grupo de trabajo John Wong, M.D. "Lo que aún no sabemos y lo que se requiere con urgencia para realizar más investigaciones es si las pruebas de detección adicionales para mujeres con senos densos podrían ser útiles y cómo podrían ser útiles, incluso a través de ultrasonido, resonancias magnéticas de los senos u otra cosa”.

Este proyecto de recomendación se aplica a las mujeres con un riesgo promedio de cáncer de mama. Esto incluye a personas con antecedentes familiares de cáncer de mama y personas que tienen otros factores de riesgo, como tener mamas densas. No se aplica a las personas que tienen antecedentes personales de cáncer de mama, que tienen un riesgo muy alto de cáncer de mama debido a ciertos marcadores genéticos o antecedentes de radioterapia de alta dosis en el pecho a una edad temprana, o que han tenido una lesión de alto riesgo en biopsias previas.

Cualquier persona preocupada por la salud de sus senos debe hablar con su profesional de la salud. El borrador de la declaración de recomendación, el borrador de la revisión de la evidencia y el borrador del informe de modelado del Grupo de Trabajo se han publicado para comentario público en el sitio web del Grupo de Trabajo en https://www.uspreventiveservicestaskforce.org/.


El Grupo de Trabajo (USPSTF) es un panel voluntario e independiente de expertos nacionales en prevención y medicina basada en evidencia que trabaja para mejorar la salud de las personas en todo el país al generar evidencia recomendaciones basadas en servicios preventivos clínicos, como exámenes de detección, servicios de asesoramiento y medicamentos preventivos.

Hallazgos microbiológicos en niñas prepúberes y púberes con vulvovaginitis

Autor/a: Stavroula Baka, Stiliani Demeridou, George Kaparos, Konstantinos Tsoutsouras, Sotirios Touloumakos, Maria Dagre, Sofia Meretaki, Anthia Chasiakou, Vasiliki Koumaki, Athanasios Tsakris Eur J Pediatr 2022 Dec;181(12):4149-4155
Introducción

La vulvovaginitis se reconoce como una queja común del sistema genital en niñas prepúberes y púberes que causa ansiedad tanto en los padres como en las niñas. Diferentes agentes físicos, químicos o infecciosos se han implicados como causas de esta entidad clínica.1 Aunque siempre se debe investigar y descartar la sugerencia de abuso sexual, los datos previos sugieren que, en su mayoría en niñas prepuberales, la vulvovaginitis suele ser inespecífica, causada por irritantes, reacciones alérgicas o afecciones dermatológicas.2

Antes de la pubertad, la falta de estrógenos y el pH vaginal generalmente neutro o alcalino con pocos o ningún lactobacilo crean un entorno favorable para las infecciones.1, 3

Por el contrario, la pubertad representa un importante período de transición de la niñez a la edad adulta. Con su inicio, los lactobacilos aumentan y se convierten en la parte predominante del microbioma vaginal, y el pH se vuelve ácido.4 Además de mantener un pH vaginal ácido, los lactobacilos tienen un papel importante para minimizar el riesgo de infecciones vaginales.

Cualquier interrupción del entorno vaginal saludable puede predisponer a la paciente a la vulvovaginitis. En la paciente púber, la vulvovaginitis infecciosa es más común y las infecciones de transmisión sexual también deben considerarse e investigarse.5

La anatomía femenina, con la uretra y la región anal muy próximas a la vagina, pone el tracto genital en riesgo de infección, en particular cuando la higiene local es deficiente o inadecuada. Además, los patógenos orofaríngeos pueden llegar fácilmente al área genital a través de la autoinoculación. Tal infección, si no responde a las medidas higiénicas, necesita más investigación ya que el tratamiento debe adaptarse a cada paciente específico.

El diagnóstico microbiológico, mediante evaluación microscópica y cultivos de muestras vulvovaginales, puede resultar una herramienta importante para excluir o identificar patógenos implicados en dichas infecciones. Sin embargo, la importancia de los patógenos aislados de los cultivos vaginales debe evaluarse solo después de tener en cuenta la información clínica y los posibles factores de riesgo, si los hubiera.

Los autores realizaron este estudio para investigar los patógenos aislados en niñas prepúberes y púberes que acudieron al hospital con signos y síntomas de vulvovaginitis.

Materiales y métodos

Este fue un análisis retrospectivo de datos de 2314 niñas de 2 a 16 años, que acudieron a la Consulta Externa de Ginecología Pediátrica y Adolescente del Hospital Universitario Aretaieio, con síntomas sospechosos de vulvovaginitis (flujo vaginal, eritema genital, prurito, dolor pélvico, vulvodinia, mal olor o sangrado), entre enero de 2009 y diciembre de 2020. Se excluyeron todos los casos referidos a infecciones recurrentes, cuerpo extraño vaginal o abuso sexual, así como todas las niñas que estuvieran en tratamiento antibiótico en ese momento o en el mes anterior.

Las muestras vaginales fueron recolectadas por ginecólogos especialistas en pediatría y adolescentes utilizando un catéter de succión estéril para recién nacidos insertado cuidadosamente en la vagina y enviado inmediatamente al laboratorio de microbiología. Las preparaciones húmedas y las tinciones de Gram se examinaron microscópicamente para evaluar la presencia de leucocitos, células epiteliales, tricomonas, células clave, hifas, pseudohifas o levaduras en ciernes.

Para el diagnóstico de vaginosis bacteriana (VB), se aplicó la puntuación de Nugent en los frotis vaginales teñidos con Gram y se evaluó el número de lactobacilos, Gardnerella vaginalis y morfotipos Gram variables pequeños y/o curvos.6 Una puntuación > 6 era indicativa de VB. Además, las muestras vaginales se inocularon directamente en agar sangre de carnero al 5 %, agar MacConkey, agar sal manitol, agar chocolate y agar Wilkins Chalgren, así como agar dextrosa Sabouraud y agar Gardnerella, seguido de incubación en atmósfera aeróbica, anaeróbica o de CO2 a 37 °C durante 24 o 48 h, según corresponda.

Todos los microorganismos clasificados como patógenos se cultivaron como aislamiento puro o como bacterias claramente dominantes en las placas de cultivo y se identificaron posteriormente por métodos convencionales, utilizando características morfológicas y bioquímicas, tinción de Gram, mientras que la identificación definitiva se realizó mediante el sistema automatizado VITEK. 2

En niñas con prurito genital o picazón anal, se realizó una prueba de Graham para oxiurius en la mañana temprano durante 3 días consecutivos, presionando una tira de cinta adhesiva en la piel adyacente al ano que luego se retiró y se colocó en un portaobjetos para examinar la presencia de huevos de Enterobius vermicularis por microscopía. El análisis estadístico se realizó con SPSS para Windows versión 25.0. Las variables categóricas se analizaron mediante la prueba de chi-cuadrado para la comparación de datos entre grupos. La significación estadística se fijó en un valor de p de 0,05.

Resultados

Durante un período de 12 años, se incluyeron en este estudio 2.314 pacientes pediátricas que presentaban vulvovaginitis sintomática. Los casos se dividieron en 2 grupos: 1.094 niñas en estado prepuberal estadio 1 de Tanner, con ausencia de caracteres sexuales secundarios, y 1220 niñas púberes en estadio ≥2 de Tanner. Los síntomas clínicos más comunes en la presentación fueron flujo vaginal, eritema genital y prurito.

Los síntomas fueron significativamente más prevalentes en las niñas púberes, excepto la vulvodinia, que fue más frecuente entre las niñas prepúberes. Se recolectó una muestra vaginal de cada paciente; así, se tomaron 2314 muestras en total.

Los síntomas fueron significativamente más (P <0.01)  se registraron cultivos positivos en niñas en la pubertad (926/1220, 75,9%) en comparación con los resultados obtenidos en el grupo de niñas antes de la pubertad (587/1094, 53,7%). Se detectó un mayor número de patógenos en la vagina en muestras de niñas púberes en comparación con las prepúberes (984 vs. 613, P< 0.01)

Entre los cocos Gram-positivos y los bacilos Gram-negativos aislados en este estudio, los patógenos fecales fueron los más prevalentes.

Un hallazgo inesperado fue el aumento de la prevalencia de VB en ambos grupos, aunque aumentó significativamente en las niñas púberes (P < 0,01). Finalmente, las especies de Candida se aislaron principalmente en las niñas púberes.

Discusión

La vulvovaginitis es una de las molestias ginecológicas más frecuentes en la población pediátrica. La flora microbiana en niñas con signos y síntomas clínicos de vulvovaginitis es variable. Lo que se considera como flora vaginal normal en los diferentes períodos de edad es todavía un tema de controversia, y se pueden encontrar diferentes datos en la literatura. El microbioma vaginal es complejo y la presencia de patógenos potenciales no implica necesariamente que sean responsables de la infección.7-9 Por lo tanto, los cultivos vaginales obtenidos de casos de vulvovaginitis deben evaluarse con cautela antes de elegir un tratamiento antibacteriano específico.

Las causas comunes de vulvovaginitis en la paciente prepuberal son diferentes a las consideradas en la paciente puberal. Cuando las niñas presentan prurito, ardor o dolor vulvar, la etiología más común es la vulvovaginitis inespecífica, no se puede aislar ningún patógeno y se recomiendan medidas de higiene.5 Además, las niñas más jóvenes no pueden expresar con precisión sus síntomas; por lo tanto, el examen clínico debe hacer la distinción entre vulvovaginitis inespecífica e infecciosa.1

Se requiere mucha atención en niñas con síntomas secundarios a cuerpos extraños intravaginales o infecciones de transmisión sexual, donde la preocupación de los especialistas debe concentrarse en la posibilidad de abuso sexual.1, 2

En este estudio, aunque no se aisló un patógeno específico en todos los casos, la clínica de todas nuestras pacientes fue característica de vulvovaginitis. Como se informó anteriormente, las quejas más comunes detectadas en las pacientes fueron flujo vaginal, eritema vulvar y prurito.10-12 Los patógenos pueden llegar al área genital desde la piel circundante, así como al área rectal y uretral.1

Los resultados de los cultivos vaginales obtenidos de las niñas prepúberes diferían de los muestreados de las niñas púberes. En niñas prepúberes, se aislaron principalmente cocos Gram-positivos y Enterobacteriaceae como se demostró en estudios anteriores.11, 13 Por el contrario, la candidiasis vulvovaginal y la VB se detectaron con frecuencia en adolescentes, como se publicó anteriormente.2, 14–16 Hasta donde se sabe, hay muy pocos informes en la literatura que comprendan series tan grandes como las que se presentan en este estudio.

Los patógenos aislados con mayor frecuencia en pacientes pediátricas sintomáticas con vulvovaginitis incluyen microorganismos del tracto respiratorio y entéricos.3

Haemophilus influenzae es un patógeno común del tracto respiratorio. Los niños pequeños, en particular, suelen tener una mayor incidencia de infecciones del tracto respiratorio superior y, al tocarse la nariz y la boca con las manos, pueden propagar fácilmente los patógenos a otras regiones anatómicas, como es el área genital. Aunque estudios previos señalaron que H. influenzae tipo b fue uno de los patógenos más comunes aislados en niñas con vulvovaginitis, la introducción de la respectiva vacuna contra este patógeno resultó en la disminución significativa de su prevalencia, protegiendo así contra infecciones del tracto respiratorio y como resultado, contra la vulvovaginitis.1, 8, 17, 18

Los casos que todavía se notifican, incluso en las poblaciones vacunadas, probablemente estén causados ​​en su mayoría por cepas de H. influenzae no encapsuladas o no tipificables. La baja tasa detectada en este estudio puede atribuirse a la implementación de la vacuna a partir de 1995 en Grecia, y este resultado está de acuerdo con los informes de diferentes países donde la vacunación está disponible.13, 19, 20 Por el contrario, un informe reciente identificó a H. influenzae como el segundo patógeno más común en niñas en edad preescolar con una prevalencia del 27,2 %, mientras que McGreal y Wood lo informaron como el tercer patógeno más común con una prevalencia del 10 % en niñas prepuberales.12, 21

Streptococcus pyogenes (estreptococo beta-hemolítico del grupo A) es un importante patógeno humano responsable de diferentes infecciones en el cuerpo humano. A menudo se ha informado que es la causa más frecuente o una de las más comunes de vulvovaginitis en las niñas.8, 12, 13, 19, 20, 22 Este es un patógeno común para el tracto respiratorio superior y, por lo tanto, los niños que están colonizados con S. pyogenes tienen un mayor riesgo de vulvovaginitis estreptocócica, ya que este patógeno se puede transmitir fácilmente al área genital.23 Aunque no es el patógeno más común en la población en estudio, la prevalencia de S. pyogenes fue similar a los informes recientes.12, 20 Staphylococcus aureus es un importante patógeno humano.

En niños, representa la principal causa de infecciones de piel y tejidos blandos y posteriormente puede causar infecciones diversas e incluso invasivas con una importante morbimortalidad. Aunque la colonización nasal y de la piel por S. aureus se asocia con un mayor riesgo de infección, su importancia en la vulvovaginitis sigue siendo controvertida.20 Sin embargo, muchos informes en la literatura han demostrado que S. aureus es un patógeno importante en pacientes sintomáticas con vulvovaginitis.2, 3, 5, 8, 19, 24

Por el contrario, Jariene y colaboradores aislaron S. aureus en ambos grupos de estudio (9,6%) y control (7,1%), en cultivo mixto y no lo consideraron como el patógeno principal.20 No obstante, Kim y colaboradores aislaron S. aureus en el 15% de las niñas prepúberes con vulvovaginitis, mientras que otros, de acuerdo con nuestros datos, reportaron una prevalencia del 5,8%.8, 12, 19

Streptococcus agalactiae o Streptococcus beta-hemolítico del grupo B coloniza con frecuencia el tracto genitourinario y gastrointestinal, así como la orofaringe.25 Sin embargo, la implicación de este patógeno durante el embarazo para la salud del recién nacido es de suma importancia y siempre es motivo de preocupación en mujeres en edad reproductiva. S. agalactiae se ha incluido como un patógeno común en pacientes sintomáticas que presentan vulvovaginitis.5 Los autores aislaron S. agalactiae del 6,7 % y el 2,2 % de las niñas prepúberes y púberes, respectivamente.

Similar a estos datos, Randelovic y colaboradores detectaron este patógeno en el 7 % de las pacientes prepuberales, mientras que otros informaron una tasa de aislamiento mucho más alta del 12 %, siendo la segunda causa más común de vulvovaginitis en su grupo de niñas prepuberales.8, 21 Se presentó un aumento de la prevalencia de uropatógenos entéricos.

El papel de los patógenos fecales en la patogenia de la vulvovaginitis aún no está claro y es motivo de controversia entre los especialistas, ya que estos patógenos también se consideran contaminantes en los grupos de control sanos.10, 13, 20, 24 Curiosamente, Gorbachinsky y colaboradores informaron un aumento significativo de bacterias uropatógenas (79 %) en muestras periuretrales de niñas con vulvovaginitis en comparación con niñas sin vulvovaginitis (18 %).26

Randelovic y colaboradores reportaron bacterias de origen fecal en 33,8% de niñas sintomáticas, en cultivo puro, en su mayoría Proteus mirabilis (14,4%), Enterococcus faecalis (12,2%) y Escherichia coli (7%).8 Otros también han aislado patógenos fecales en cantidades significativas.2, 19, 22 Al igual que en informes anteriores, los patógenos encontrados en la flora fecal fueron una causa importante de vulvovaginitis en niñas prepúberes y púberes en el presente estudio, probablemente debido a la falta de higiene con respecto a los hábitos de micción y limpieza.

En niñas prepúberes, el pH vaginal es alcalino con un medio hipoestrogénico que permite el crecimiento excesivo de diferentes microorganismos, a menudo de origen entérico u orofaríngeo.2, 3, 9 El frecuente aislamiento de patógenos entéricos en muestras vaginales podría explicarse por la proximidad anatómica de la vulva y el ano, mala higiene o hábitos de higiene que favorecen la colonización.

Los niños a menudo tienen mala higiene en la región anogenital, no se lavan las manos con regularidad y pueden transferir fácilmente patógenos de la orofaringe al área genital.

Por otro lado, las niñas púberes, aunque son más resistentes a las infecciones en comparación con los niños prepúberes, debido a una mayor flora microbiana, aún pueden ser propensas a las infecciones por patógenos entéricos.

Muchos casos de vulvovaginitis mejorarán y se resolverán implementando medidas higiénicas cuidadosas y una mejor higiene perineal.24 Sin embargo, se ha sugerido que las pacientes pediátricas sintomáticas deben ser tratadas en consecuencia, ya que los microorganismos gastrointestinales se caracterizan por una mayor patogenicidad.5

Se comprobaron VB en porcentajes significativos en ambos grupos estudiados. La VB rara vez se ha informado en la literatura como una causa de vulvovaginitis en las niñas y no se asoció con la actividad sexual.13, 27

En una vagina prepuberal normal, faltan lactobacilos y, junto con diferentes especies aeróbicas, también se pueden encontrar bacterias anaeróbicas.2, 7, 9, 15 McGreal y Wood informaron un aumento de anaerobios (51%) en niñas prepuberales.21 Sin embargo, en las niñas púberes, las causas más comunes de vulvovaginitis infecciosa son la VB, las especies de Cándida y Trichomonas vaginalis.2, 15 Desafortunadamente, se desconoce su prevalencia exacta ya que estas infecciones no son reportables. En estas niñas en las que la flora vaginal está enriquecida con lactobacilos, se puede aislar G. vaginalis y diferentes anaerobios incluso sin evidencia de transmisión sexual.1, 14, 21

Huppert y colaboradores reportaron una prevalencia de VB del 23% en adolescentes de 14 a 19 años mientras que Xu y colaboradores informaron una incidencia de VB y tipo intermedio de VB del 25,7% y 19,3%, respectivamente, en niñas en la pubertad tardía, afirmando que estas niñas son más susceptibles a la VB y que se debe prestar más atención a la higiene menstrual.16, 28

Vaca y colaboradores informaron una prevalencia de VB del 31,5% en niñas adolescentes en Ecuador, lo que sugiere como posibles factores para el aumento de la prevalencia, causas genéticas, conductuales y ambientales.14 Sin embargo, debido a una mayor tasa de actividad sexual en los adolescentes, también se deben considerar las infecciones de transmisión sexual.5 De hecho, se ha documentado que la VB facilita la adquisición de infecciones de transmisión sexual.14 La VB se diferencia del resto de infecciones vaginales porque, por lo general, no presenta inflamación.

Se caracteriza por un cambio en la microflora vaginal con una disminución significativa o incluso la desaparición de los lactobacilos y un aumento de G. vaginalis, Atopobium vaginae, diferentes bacterias anaerobias y una plétora de otros microorganismos que no pueden cultivarse y, como resultado, la identificación sólo puede lograrse mediante métodos moleculares.29, 30 Además, ha sido demostrado que la VB no es solo una infección polimicrobiana, sino una entidad clínica más compleja, ya que se caracteriza por la formación de biopelículas,30, 31 lo que podría ofrecer una posible explicación de las frecuentes recurrencias observadas.15

El aumento de la prevalencia de los microorganismos asociados con la VB en ambos grupos, aunque significativamente mayor en el grupo puberal, es motivo de preocupación por las implicancias futuras en su potencial reproductivo, ya que la VB se ha asociado con la enfermedad pélvica inflamatoria (EPI) y, por lo tanto, con subfertilidad.32 Por lo general, la vulvovaginitis debida a especies de Candida, como condición dependiente de estrógenos, es más frecuente en niñas púberes y bastante inusual en la prepubertad.3, 4, 8, 10, 20

Los niveles más altos de estrógeno durante la pubertad junto con niveles más altos de glucosa en el medio vaginal y una mala higiene menstrual son factores predisponentes para la candidiasis vaginal.13, 16 Sin duda, ante la presencia de factores de riesgo como tratamiento antibiótico sistémico reciente, inmunosupresión, diabetes mellitus o abuso sexual, la incidencia puede aumentar en ambos grupos.33

Las especies de Candida son miembros de la flora intestinal o de la piel normal. La mayoría de las infecciones por hongos son causadas por Cándida albicans, mientras que las especies no albicans muestran una menor susceptibilidad a los antimicóticos, específicamente a los azoles tópicos u orales que se usan actualmente como tratamiento de primera línea.2

En este estudio, la vulvovaginitis por Candida se definió significativamente con más frecuencia en las niñas púberes que en las prepúberes, cuyo resultado está de acuerdo con trabajos previos.13, 14, 16 Por el contrario, Hu y colaboradores12 informaron un aumento de la prevalencia del 22,3 % en un gran grupo de niñas prepúberes, mientras que Xu y colaboradores16 aislaron Candida en el 29,4% de las niñas en la pubertad tardía. Hay algunas limitaciones en el presente estudio.

No incluyeron un grupo de control asintomático sano para comparar los resultados. Sin embargo, esto hubiera sido muy difícil de intentar ya que no es fácil obtener el permiso de los padres o tutores para recolectar muestras vaginales de niñas sanas virginales asintomáticas. Además, no se realizaron en paralelo cultivos nasofaríngeos ni estudiamos la flora gastrointestinal de las pacientes. Estos cultivos hubieran proporcionado información importante sobre los patógenos que colonizaron a los pacientes. Finalmente, la revisión retrospectiva de registros limitó la posibilidad de recopilar y analizar los resultados del tratamiento.

Conclusiones

Aunque los cultivos vaginales representan una herramienta importante para la correcta identificación de los patógenos responsables, sus resultados deben evaluarse con cautela a la hora de decidir la causa de la vulvovaginitis en niñas. En las niñas prepúberes, los patógenos aislados más comunes fueron bacterias oportunistas de origen fecal, mientras que las niñas en la pubertad tardía eran más susceptibles a la VB y la candidiasis vulvovaginal.

La combinación de una historia completa con un examen físico apropiado y una evaluación de laboratorio metódica debe llevar al médico a un diagnóstico correcto y un tratamiento específico. No obstante, siempre se deben brindar recomendaciones generales sobre la higiene personal a los niñas sintomáticas de todas las edades.

La vulvovaginitis es el motivo más frecuente de derivación a los servicios de ginecología pediátrica y adolescente y, para asegurar la salud reproductiva en etapas posteriores de la vida, es fundamental el conocimiento de los patógenos implicados a menudo.

Comentario

La vulvovaginitis es un motivo relativamente frecuente de preocupación y consulta en niñas prepúberes y púberes y suele deberse a variadas etiologías. Este estudio se centró en investigar los patógenos aislados en niñas prepúberes y púberes con signos y síntomas de vulvovaginitis.

La vaginosis bacteriana se diagnosticó en el 22,8% de las niñas prepuberales y en el 37,9% de las púberes. La Candida se aisló principalmente en las niñas púberes.

De acuerdo a lo evaluado en este estudio, los resultados del cultivo deben evaluarse con precaución en niñas con vulvovaginitis. En las prepúberes, los patógenos aislados más comúnmente fueron las bacterias oportunistas de origen fecal, mientras que las niñas en la pubertad tardía fueron más susceptibles a la vaginosis bacteriana y la candidiasis.  


Traducción, resumen y comentario objetivo: María José Chiolo

 

¿Qué es la Enfermedad Pélvica Inflamatoria?

 

Viñeta clínica:
 
Una mujer de 22 años en una nueva relación sexual consulta a su médico de cabecera por presentar sangrado intermenstrual ligeramente doloroso durante 10 días. Tenía dolor pélvico, pero no se incrementaba con el examen cervical bimanual. El médico sospechó que el sangrado era un efecto secundario de la píldora anticonceptiva oral que había comenzado a recibir tres meses antes. Sin embargo, como no podía descartar la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), se tomaron muestras de frotis endocervicales para estudiar infecciones de transmisión sexual causadas por Neisseria Gonorrhoeae y Chlamydia Trachomatis. Se prescribieron antibióticos de amplio espectro después de lo cual los síntomas se resolvieron. La muestra del hisopado confirmó la presencia de Chlamydia Trachomatis .
 

 ¿Qué es la Enfermedad Inflamatoria Pélvica (EIP)?
 
La EIP se debe a la infección del tracto genital femenino superior que resulta en una amplia gama de patología pélvica, desde la endometritis leve a la peritonitis pélvica. Los microorganismos causales son o de transmisión sexual (C. trachomatis , N. gonorrhoeae , Mycoplasma genitalium ) o microorganismos vaginales endógenas (especies de Bacteroides) que ascienden hacia el área de la pelvis desde el tracto genital inferior a través del cuello uterino.
 
¿Qué tan común es la EIP?
 
Debido a las dificultades en el diagnóstico, no se conoce la prevalencia exacta de EIP.
 
Los datos recientes sugieren que la tasa de diagnóstico EIP definida en atención primaria es de aproximadamente 280/100.000 personas-año 1 Esto puede subestimar la verdadera incidencia, ya que muchos casos son relativamente asintomáticos. La EIP es más común en las mujeres 20 a 29 años 1
 
¿Por qué se pierde el diagnóstico de la EIP?
 
La EIP puede presentarse con síntomas y signos clásicos o con síntomas leves y sutiles que pueden pasarse por alto con facilidad, de acuerdo con una revisión de la evidencia de las directrices nacionales de la Asociación Británica de Salud Sexual y VIH. 2
 
Los mejores datos recientes sobre pérdida del diagnóstico de la EIP provienen de una auditoría retrospectiva en un centro de la salud sexual ambulatorio. Este estudio mostró tasas significativamente diferentes en el diagnóstico de EPI entre 23 médicos, en comparación con tasas similares para las verrugas genitales (una condición que se empleó como control). 
 
Aunque el sobrediagnóstico de EIP no puede excluirse, los autores postularon que si los médicos sobrediagnosticaron EIP, algunas mujeres podrían no mostrar las características epidemiológicas y clínicas de la enfermedad. En cambio, las mujeres con ese diagnóstico entre los médicos de alta y baja tasa de diagnóstico tenían un perfil epidemiológico y clínico similar, lo que sugiere falta de diagnóstico de la EPI por los médicos con más baja tasa de ese diagnóstico. Es posible que algunos médicos busquen síntomas severos, por lo tanto tengan un umbral demasiado alto para el diagnóstico.3
 
¿Por qué es importante?
 
Las secuelas de la EPI incluyen embarazo ectópico, infertilidad y dolor pélvico crónico así como los altos costos económicos del tratamiento.4 Los mejores datos de los resultados sobre las secuelas de EPI provienen de un estudio de cohorte longitudinal respecto de 2,500 mujeres, resumidos por Weström et al. 5 Un nuevo análisis retrospectivo de estos datos mostró que retrasar el tratamiento con antibióticos durante más de tres días después de la aparición de los síntomas se asoció con casi tres veces mayor riesgo de infertilidad post-EIP o embarazo ectópico que en los que buscaron atención rápidamente (riesgo absoluto 20% v 8.3%). 6 
 
En un estudio retrospectivo de cohortes en los Estados Unidos similar mostró que las mujeres que tenían síntomas durante dos o más días antes del tratamiento tenían más probabilidades de experimentar infertilidad que aquellas con síntomas durante dos o menos días antes del tratamiento (riesgo absoluto del 14% v 54%).7 

En un tercer estudio con una población de pacientes diferente, los resultados adversos fueron menos fuertemente correlacionados con el tiempo de tratamiento.8
 
¿Cómo se diagnostica la EIP?

Clínica
Aunque no es 100% sensible, la laparoscopía es la prueba ideal para el diagnóstico de la EIP.9 Cuando este procedimiento no se encuentra disponible o no resulta apropiado en la atención primaria, el diagnóstico clínico debe realizarse con base a los síntomas y signos y a la exclusión de los diagnósticos diferenciales.
 
La EIP es más común en las mujeres 20-29 años de edad.1 Históricamente, el diagnóstico de EIP se ha basado en el dolor abdominal con o sin incremento con la maniobra de palpación bimanual de anexos o cervical, y con el apoyo a los resultados de las investigaciones que confirman un proceso inflamatorio o infeccioso. 
 
En un estudio a gran escala de mujeres que ingresaron al hospital con un diagnóstico clínico de EPI, la sensibilidad del dolor abdominal, dolor a la movilización cervical y dolor anexial en comparación con la laparoscopia diagnóstica fue del 61,2%, 79,9% y 90,3%, respectivamente.10 
 
En un modelo de regresión logística, se encontró que la presencia de estos tres signos juntos es  82,1% sensible, pero sólo el 28,6% específico.
 
Otros signos y síntomas incluyen:
  • Náuseas o vómitos (sensibilidad 27,6%, especificidad 69,0%)
  • Flujo vaginal (73,1%, 35,7%)
  • Sangrado vaginal (16,4%, 73,8%)
  • Síntomas urinarios (21,6%, 83,3%)
  • Proctitis (7,5%, 95,2%)
  • Fiebre (29,9%, 69,0%)
  • Masa anexial (90,3%, 21,4%). 9
Estudios similares han confirmado que estos signos y síntomas no son sensibles ni específicos en comparación con la laparoscopia.11 12 Por lo tanto, no se ha adoptado ninguna combinación de síntomas y signos en las directrices nacionales del Reino Unido como los criterios mínimos para el diagnóstico, y se recomienda un alto índice de sospecha.13
 
En la práctica, se debe tomar una historia clínica de los síntomas y una historia sexual. Los cambios de pareja o la falta de uso del condón pueden ser importantes como vías de contagio de microorganismos de transmisión sexual. Una historia de los eventos obstétricos recientes (como el parto vaginal o el aborto involuntario) o de procedimientos ginecológicos (como la inserción de un dispositivo intrauterino o la interrupción del embarazo) es siempre relevante.
 
Las alteraciones en el cuello uterino pueden presentar una infección en el tracto genital superior. La evaluación debe incluir un examen y visualización del cuello uterino bimanual abdominal y vaginal.
 
Cuando las conclusiones del examen y de  la historia clínica son compatibles con un diagnóstico de EPI, la paciente debe ser tratada presuntivamente.
 
Investigaciones
Como el diagnóstico de EPI se hace clínicamente, se requieren investigaciones para confirmar un proceso inflamatorio o infeccioso a prestar apoyo a la misma. Dada la importancia del tratamiento temprano con antibióticos para prevenir secuelas, los resultados positivos no deberían ser un requisito previo para justificar el tratamiento con antibióticos.13
 
Se recomienda en todos los pacientes con sospecha de EPI realizar hisopados endocervicales para C. trachomatis y N. gonorrhoeae , mediante pruebas de amplificación de ácidos nucleicos cuando estén disponibles.2 14 Un resultado positivo indica la presencia de uno de estos microorganismos en el tracto genital inferior, apoyando el diagnóstico de EIP . 
 
Sin embargo, dado que se detectaron estos microorganismos en menos de 12% de los 22 000 casos de EIP vistos en las clínicas de medicina genitourinaria en Inglaterra en 2011, un resultado hisopo negativo no excluye el diagnóstico de EIP.15
 
Las ecografías son útiles para excluir otras posibilidades de diagnóstico, pero se carece de estudios que muestran tanto una alta sensibilidad y especificidad para el EIP.16
 
Un aumento de la velocidad de sedimentación globular (> 15 mm / hr) es compatible con el diagnóstico clínico. Se trata de un predictor sensible (81%) pero no específico (33%) de EIP.17
 
Embarazo ectópico: dado que es un importante diagnóstico diferencial debe ser excluido por una prueba de embarazo.

¿Cómo se trata la EIP?
 
La enfermedad leve o moderada se puede manejar con seguridad en el ámbito ambulatorio, mientras que la enfermedad clínica grave requiere hospitalización para administración de antibióticos parenterales. 2 13 En el ámbito ambulatorio, los antibióticos orales se deben prescribir para cubrir trachomatis C, N gonorrhoeae y anaerobios.2 13
 
Se recomienda un curso de 14 días de antibióticos (ceftriaxona, doxiciclina y metronidazol), ya que la duración óptima de tratamiento es desconocida, y existen pocos datos para apoyar un curso más corto.18 19 
 
Aunque algunos médicos pueden estar preocupados acerca de la prescripción de antibióticos innecesarios, el tratamiento está recomendado porque las consecuencias de perder el diagnóstico son serias. 
 
En las personas que no responden al tratamiento, la laparoscopia es esencial para confirmar el diagnóstico o para hacer un diagnóstico alternativo. 
 
Una vez que se ha diagnosticado EIP todas las parejas sexuales actuales deben ser examinadas y se les debe ofrecer tratamiento empírico, y los participantes más recientes (de los últimos seis meses) deben ser examinados para las infecciones de transmisión sexual. 2 13
 
Puntos clave 
  • Considere la posibilidad de un diagnóstico de EPI en mujeres jóvenes con cualquier combinación de dolor abdominal bilateral, secreción vaginal o cervical anormal, sangrado vaginal anormal, dispareunia profunda, fiebre, dolor anexial y dolor a la movilización cervical.
     
  • Una historia de una nueva pareja sexual, el cambio de anticonceptivo de anticonceptivos de barrera, una EIP anterior pueden ser cruciales para ayudar al diagnóstico.
     
  • Si se sospecha EIP, tratar de forma empírica con un curso de 14 días de antibióticos para cubrir Chlamydia trachomatis, Neisseria gonorrhoeae , y anaerobios, para lograr la resolución clínica y microbiológica.
     
  • La infertilidad posterior se puede prevenir con el tratamiento antibiótico precoz.

¿Es necesario el tratamiento antibiótico prolongado post aborto séptico no complicado?

 Autor/a: Dres. Ricardo F. Savaris, Gisele S. de Moraes, Rafael A. Cristovam, R. Daniel Braun Am J Obstet Gynecol 2011;204:301.e1-5.

Se estima que en el mundo en desarrollo, se internan anualmente 5 millones de mujeres para el tratamiento de las complicaciones de los abortos inducidos, en un promedio d5,7/1.000 mujeres/año en todas las regiones en desarrollo, con exclusión de China. En Brasil, el aborto es ilegal, razón por la cual las complicaciones de este procedimiento representan el tercer lugar de causa de muerte materna, con una tasa de mortalidad materna del 12%. 
 
También es elevada la tasa de abortos (40,8/1.000 mujeres). Aproximadamente el 31% de los embarazos termina en un aborto inducido.

Las pacientes con infección establecida, indicada por la presencia de fiebre (arbitrariamente definida como >38°C), peritonitis pélvica o taquicardia, deben ser hospitalizadas y tratadas con antibóticos por vía parenteral y la rápida evacuación del útero. La bacteriemia, que es más común en el aborto séptico que en otras infecciones de la pelvis, puede dar lugar a shock séptico y síndrome de distrés respiratorio del adulto.

El manejo de la sepsis grave exige la erradicación de la infección y el tratamiento de soporte para el sistema cardiovascular y otros sistemas orgánicos involucrados. En los casos de abortos sépticos no complicados, el Ministerio de Salud recomienda el uso de clindamicina más gentamicina por vía intravenosa durante 7-10 días. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que el tratamiento con antibióticos de amplio espectro por vía intravenosa debe ir seguido de doxiciclina oral (200 mg/día) durante 10-14 días. Este régimen es similar al recomendado para la enfermedad pélvica inflamatoria por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Contrariamente a un tratamiento prolongado con antibióticos por vía oral, French y Smaill han demostrado que una vez que la paciente está sin fiebre durante 48 horas no es necesario continuar el tratamiento antibiótico por endometritis después de la operación cesárea. Podría ser seguro y menos costoso utilizar este régimen en los casos de aborto séptico no complicado. Hasta el momento no hay evidencia de que este régimen más corto sea seguro en estos casos.

Objetivo
Investigar la necesidad de antibióticos por vía oral después de 48 horas de mejoría clínica, en pacientes con aborto aborto séptico no complicado que han sido sometidas a la evacuación uterina y que recibieron un mínimo de antibióticos por vía intravenosa durante 48 horas.

Diseño del estudio
Estudio clínico aleatorizado con control doble ciego de 56 mujeres con aborto séptico no complicado que fueron tratadas con antibióticos por vía intravenosa seguido de la evacuación uterina. Al ser dadas de alta del hospital, las pacientes recibieron al azar doxiciclina oral más metronidazol o placebo, hasta completar 10 días de tratamiento. La curación clínica fue definida por la ausencia de fiebre (<37.7°C), reducción del sangrado vaginal y dolor pélvico mínimo o su ausencia.

Resultados
Se comprobó la curación en las 56 pacientes. El comité de revisión institucional suspendió el tratamiento en el grupo correspondiente ya que agregaba riesgos sin aportar mayor beneficio. El seguimiento de una cohorte de observación con otros 75 casos adicionales de una rama que no recibía tratamiento antibiótico no mostró fracasos (probabilidad de efectos adversos 0%).

Comentario
El total de las 103 pacientes (100%) con aborto séptico no complicado tratadas con antibióticos por vía intravenosa seguidos por la evacuación uterina alcanzaron la curación clínica, utilizando un protocolo de tratamiento corto.

Los puntos fuertes del estudio son pocos. Es un estudio aleatorizado, doble ciego, que refleja una práctica clínica, con un método de asignación al azar adecuado, un excelente seguimiento, un análisis provisional especificado a priori, el cual es importante para evaluar las suposiciones iniciales acerca de la tasa de curación. El tamaño de la muestra puede ser aumentado o reducido después del primer análisis provisional. Se prestó una atención especial al cálculo del tamaño de la muestra para que tuviese el suficiente poder en un estudio equivalente. Los argumentos de un estudio de equivalencia son diferentes a los de los ensayos de superioridad. En lugar de rechazar la hipótesis nula, en la que el porcentaje de ambos tratamientos es igual, las investigaciones están destinadas a probar que es verdadero. Debido a las propiedades intrínsecas de la fórmula propuesta por Blackwelder, si el d es del 10%, el tratamiento con elevada tasa de curación (es decir, el 99%) en ambas ramas requiere una muestra de menor tamaño,. Ese fue el caso en este estudio. Con una muestra de 56 pacientes, teniendo en cuenta una tasa del 99% de curación en ambas ramas, un error α de 0.2 y una potencia de 90%, para tener poder estadístico serían necesarios 26 pacientes en cada rama. Con estos parámetros, dicen los autores, “estamos en condiciones de afirmar que tenemos un 90% de seguridad de que no hay diferencia >10% entre ambos grupos, con un IC del 97%. Sin embargo, una diferencia del 10% debe ser considerada demasiado elevada, y esto es una debilidad del estudio. Para reducir esta diferencia del 10%, nos enfrentamos a otro problema. El comité de de revisión institucional determinó que no sería ético continuar con el tratamiento estándar. Por lo tanto, la alternativa para aumentar el tamaño de la muestra sería una cohorte de observación en el grupo de tratamiento corto. Así, a partir de noviembre de 2007 y hasta junio de 2010 se observaron 75 casos adicionales de infección/aborto séptico no complicado que no recibieron tratamiento tras el alta hospitalaria y que fueron seguidos de la misma manera que los primeros 56 pacientes del ensayo clínico. En estas pacientes no se observaron fracasos clínicos, lo que resultó reconfortante. Por lo tanto, utilizando los resultados del protocolo del tratamiento a corto, estamos en condiciones de afirmar que en el 95% de los casos esperábamos encontrar una tasa de curación de entre el 97-100%, lo cual parece ser un IC adecuado. Las implicancias del estudio pueden ser muy importantes en términos de reducción del tiempo de permanencia hospitalaria y tratamiento antibiótico. La recomendación del Ministerio de Salud de Brasil para el aborto infectado es la administración de antibióticos de amplio espectro por vía intravenosa durante 7-10 días, mientras que la recomendación de la OMS de los abortos infectados es similar a la recomendación de los CDC para enfermedad inflamatoria pélvica, en la cual el tratamiento dura hasta 14 días.

Los mecanismos que podrían explicar estos resultados podrían ser los mismos que los que se encuentran en la revisión sistemática de Cochrane de endometritis posparto. La eliminación del tejido infectado sería suficiente para reducir el período de tratamiento antibiótico. El cultivo del endometrio no se realiza debido a la naturaleza polimicrobiana de estas infecciones, como fue demostrado por otros autores." Por esa razón, agregan los autores, “creemos que las tasas de curación que se encuentran en nuestro estudio son comparables a las publicadas por Frech y Smaill, en los casos de endometriosis posparto después de la operación cesárea o parto vaginal.”

Los autores afirman que hasta donde ellos saben, este es el primer informe relativo a la no utilización de antibióticos tras el alta hospitalaria de pacientes con aborto séptico no complicado. Por lo tanto, dicen, no pueden hacer ninguna comparación con otros estudios. Dado que el punto de entrada al estudio fue a partir del alta hospitalaria, la estancia media en el hospital para ambos grupos fue de 3 días. A la luz de sus resultados, los autores dejaron de administrar antibióticos a las pacientes con aborto séptico no complicado después de 48 horas de mejoría clínica.

Este estudio cuestiona la necesidad de hacer tratamiento antibiótico prolongado por vía oral después de la mejoría clínica en pacientes con aborto séptico no complicado y, según los autores, deber ser utilizado como referencia para las nuevas investigaciones.

♦ Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti. Esp. Medicina Interna

Anticonceptivos orales combinados y riesgo de tromboembolismo venoso

 Autor/a: Giuseppe M.C. Rosano, Maria Angeles Rodriguez-Martinez, Ilaria Spoletini, Pedro Antonio Regidor Obesity and contraceptive use: impact on cardiovascular risk

Resumen

La obesidad y los anticonceptivos que contienen estrógenos son factores de riesgo cardiovascular independientes bien conocidos. Sin embargo, un número importante de mujeres obesas siguen recibiendo recetas de productos hormonales que contienen estrógenos para su anticoncepción. Hemos realizado una revisión narrativa para discutir la evidencia más reciente, la investigación en curso y los temas controvertidos sobre el efecto sinérgico de la obesidad y el uso de anticonceptivos, en términos de riesgo cardiovascular. Existe evidencia convincente de una interacción entre la obesidad y la anticoncepción en el aumento del riesgo cardiovascular. Las mujeres que presentan tanto obesidad como uso de anticonceptivos orales combinados (AOC) tienen mayor riesgo (entre 12 y 24 veces) de desarrollar tromboembolismo venoso que las no usuarias de AOC no obesas. Los datos discutidos aquí ofrecen nuevos conocimientos para aumentar la conciencia de los médicos sobre el riesgo cardiovascular en el manejo clínico de mujeres obesas. El efecto sinérgico de la obesidad y los AOC sobre el riesgo de trombosis venosa profunda debe tenerse en cuenta al prescribir anticonceptivos hormonales. Los productos de progestágeno solo son una alternativa más segura a los AOC en pacientes con sobrepeso u obesidad. Las mujeres obesas que toman anticonceptivos deben ser vistas como una población de “riesgo” y, como tal, deben recibir consejos para cambiar su estilo de vida, evitando otros factores de riesgo cardiovascular, como una forma de prevención primaria. Esta indicación debe extenderse a mujeres jóvenes, ya que los datos muestran que los AOC deben evitarse en mujeres obesas de cualquier edad.


Comentarios

Las mujeres obesas que usan anticonceptivos orales que contienen estrógeno y progestina tienen un riesgo 24 veces mayor de tromboembolismo venoso (TEV) en comparación con las mujeres no obesas que no usan los medicamentos, según un artículo de revisión publicado en ESC Heart Failure, una revista de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC).1

El autor del estudio, el profesor Giuseppe Rosano del IRCCS San Raffaele Pisana, Roma, Italia, dijo: “Está bien establecido que tanto la obesidad como los anticonceptivos que contienen estrógeno son factores de riesgo de TEV. A pesar de esto, las mujeres obesas continúan recibiendo estos medicamentos. La evidencia científica indica que la obesidad y los anticonceptivos orales combinados tienen un efecto sinérgico sobre el riesgo de TEV y esto debe ser considerado en las decisiones de prescripción. Los productos de progestágeno solo, incluidas las píldoras, los dispositivos intrauterinos o los implantes, son una alternativa más segura a la píldora combinada en mujeres con exceso de peso”.

Este artículo de revisión destaca la evidencia más reciente sobre los efectos independientes de la obesidad y los anticonceptivos, y sus efectos sinérgicos, sobre el riesgo de TEV y brinda recomendaciones clínicas. TEV se refiere a un coágulo de sangre en una vena e incluye dos condiciones potencialmente mortales: trombosis venosa profunda y embolia pulmonar.

La Organización Mundial de la Salud estima que la prevalencia mundial de la obesidad casi se triplicó entre 1975 y 2016, con un 15 % de mujeres adultas obesas. El riesgo de TEV aumenta progresivamente con el índice de masa corporal (IMC), y en mujeres obesas es más del doble que en mujeres no obesas. La obesidad tiene el impacto más sustancial en las mujeres con TEV menores de 40 años, que tienen un riesgo cinco veces mayor en comparación con las mujeres no obesas. El profesor Rosano señaló: “El riesgo particularmente alto en mujeres obesas menores de 40 años es importante, ya que es a esta edad que muchas buscan anticoncepción”.

Los anticonceptivos orales combinados se asocian con una probabilidad elevada de TEV, y las usuarias tienen una probabilidad de TEV entre tres y siete veces mayor en comparación con las no usuarias. Por el contrario, los productos de progestágeno solo no están asociados con un mayor riesgo de TEV.

La combinación de sobrepeso/obesidad y el uso de anticonceptivos orales combinados potencia la probabilidad de coágulos sanguíneos en mujeres en edad reproductiva. Por ejemplo, un gran estudio basado en la población encontró que el sobrepeso y la obesidad estaban asociados con un aumento del riesgo de TEV de 1,7 y 2,4 veces, respectivamente. Sin embargo, en usuarias de píldoras combinadas, el riesgo de TEV fue 12 veces mayor en mujeres con sobrepeso y 24 veces mayor en mujeres obesas, en comparación con las no usuarias de peso normal.

El profesor Rosano dijo: "Las mujeres obesas que toman anticonceptivos son vulnerables a la TEV y deben tomar medidas para limitar sus otros factores de predisposición a la enfermedad cardiovascular, por ejemplo, dejando de fumar y aumentando sus niveles de actividad física".

En resumen, en mujeres que combinan obesidad y uso de AOC, los datos de la literatura indican que los riesgos cardiovasculares, principalmente los riesgos de TEV, aumentan entre 12 y 24 veces en comparación con las no usuarias de AOC no obesas. El efecto sinérgico de la obesidad y los AOC sobre el riesgo de TVP debe tenerse en cuenta al prescribir anticonceptivos hormonales. Los productos solo de progestágeno (AOP) son una alternativa más segura a los AOC en pacientes con sobrepeso u obesidad.

Conclusiones y Recomendaciones

  • El riesgo de TEV y TEP aumenta progresivamente con el IMC, y en mujeres obesas es más del doble que en sujetos no obesos. El sobrepeso/obesidad tiene el impacto más sustancial en mujeres menores de 40 años cuando el RR es 5 veces mayor que en sujetos no obesos. La hipercoagulabilidad, la hipofibrinólisis y un estado proinflamatorio parecen ser los mecanismos subyacentes implicados en el aumento del riesgo de eventos tromboembólicos en mujeres obesas.
     
  • Las mujeres en edad reproductiva que se sometieron a cirugía bariátrica deben evitar el embarazo durante 12 a 24 meses debido a su pérdida de peso. Se ha postulado en este grupo una posible disminución de la eficacia de los productos anticonceptivos debido a los procedimientos quirúrgicos. Sin embargo, los Criterios Médicos de Elegibilidad del Reino Unido (UKMEC) otorgan grado 1 (una condición para la cual no existe restricción para el uso del método) a los AOP en mujeres con antecedentes de cirugía bariátrica con IMC ≥ 35 kg/m2, mientras que los AHC son no recomendado.
     
  • Los RR de TEV comparando usuarias de AOC con no usuarias son entre 3 y 7 veces mayores en usuarias vs no usuarias de AOC13, 14. Por el contrario, los AOP, como pastillas de noretisterona en dosis bajas, pastillas de desogestrel solo o DIU liberador de hormonas no están asociados con un mayor riesgo de TEV mientras que la píldora de drospirenona sola no informó ningún caso de TEV o TEA junto con su programa de desarrollo clínico. Hay evidencia limitada de que el DMPA inyectable podría aumentar el riesgo de TEV.
     
  • Además, los estados trombofílicos pueden tener un impacto en los eventos embólicos en mujeres obesas bajo anticoncepción, aunque no se dispone de datos sobre esta población específica, según nuestro conocimiento. Los antecedentes familiares de TEV, trombofilia, edad y obesidad deben tenerse en cuenta al momento de prescribir anticonceptivos hormonales.
     
  • Cabe señalar que los riesgos absolutos de accidente cerebrovascular trombótico e infarto de miocardio asociados con el uso de AOC son bajos, aunque parecen depender de la dosis de etinilestradiol.
     
  • En el caso del uso de AOC en mujeres obesas, se potencia el riesgo tromboembólico, principalmente de TEV, que oscila entre 12 y 24 veces si se compara con el riesgo en no obesas no usuarias de AOC.
     
  • Dado que los riesgos de TEV tienden a asociarse en el mismo sujeto y que el sobrepeso/obesidad puede estar asociado con el tabaquismo, la hipertensión arterial y la edad, es crucial evaluar el riesgo trombótico consolidado resultante de la presencia de cada riesgo de TEV si está presente en el grupo.
  • La recomendación es tener precaución con el uso de AOC en pacientes con sobrepeso y obesidad, eligiendo las alternativas más seguras a la hora de prescribir anticonceptivos hormonales debido a la creciente prevalencia mundial de obesidad.

  • Actualmente, la obesidad en combinación con un estilo de vida sedentario merece una consideración especial al prescribir anticonceptivos hormonales debido al riesgo excesivo de TEV.

  • Las recomendaciones de la OMS, el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) y los Criterios de Elegibilidad Médica del Reino Unido (UKMEC) brindan grado 1 (una condición para la cual no hay restricción para el uso del método) a todos los AOP, incluidas las píldoras, DIU o implantes para mujeres con IMC ≥ 30 kg/m2. Además, la OMS, los CDC y el UKMEC brindan recomendaciones de grado 2 para las píldoras de progestágeno solo y los implantes de progestágeno solo cuando hay múltiples factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, coexisten el tabaquismo, la diabetes, la hipertensión, la obesidad y las dislipemias.

  • Los productos solo de progestágeno (AOP) deben considerarse una alternativa más segura que los AOC en mujeres obesas y en mujeres que presentan varios riesgos tromboembólicos y buscan anticoncepción hormonal.